• La segunda entrega de Super Mario en cine incluye a Birdo, Mouser y Clawgrip, tres personajes olvidados de Super Mario Bros. 2 que podrían anticipar la llegada de Wart como villano.
• Me fascina cómo Nintendo está rescatando elementos de su mitología más profunda, demostrando que el worldbuilding no es exclusivo de la ciencia ficción y que las narrativas transmedia pueden construir universos tan complejos como cualquier space opera.
• El estreno está previsto para el 3 de abril de 2026, dirigido por Aaron Horvath y Michael Jelenic.
Las pistas más reveladoras nunca llegan con fanfarria. Aparecen de refilón, casi como si no quisieran ser vistas.
Mientras todos celebrábamos a Yoshi en el segundo tráiler de The Super Mario Galaxy Movie, tres personajes secundarios se colaban en pantalla sin hacer ruido: Birdo, Mouser y Clawgrip. Nombres que quizá no digan mucho a las generaciones más jóvenes, pero que para quienes crecimos con la NES son ecos de un pasado extraño, casi experimental.
Estos tres no son personajes cualesquiera. Son fragmentos de Super Mario Bros. 2, aquel juego de 1988 que nos llevó a Subcon, un mundo de pesadilla donde las reglas cambiaban y el villano no era Bowser, sino un sapo tirano llamado Wart.
Su presencia en la película no es casual. Es una declaración de intenciones.
Un trío que construye mundos
El tráiler muestra a la Princesa Peach en plena batalla contra Birdo, ese dinosaurio rosa de pajarita que siempre generó más preguntas que respuestas. A su lado aparecen Mouser, un ratón con gafas de sol, y Clawgrip, un cangrejo amenazante.
Los tres fueron jefes en Super Mario Bros. 2, miembros del ejército de Wart conocido como «Los 8-Bits».
Que Nintendo haya decidido rescatar precisamente a estos tres personajes es worldbuilding puro. Están construyendo un universo donde la historia importa, donde los rincones olvidados tienen cabida. Y eso, viniendo de una saga que durante décadas se conformó con repetir la misma fórmula, es casi revolucionario.
Me recuerda a cómo Star Wars empezó a explorar los rincones de su galaxia más allá de Skywalkers y Siths. O cómo Dune construye capas de historia que se revelan poco a poco. El worldbuilding no es exclusivo de la ciencia ficción. Es una forma de pensar las narrativas.
Subcon y la naturaleza de los sueños compartidos
Super Mario Bros. 2 siempre fue el bicho raro de la familia. Originalmente un juego japonés llamado Doki Doki Panic, fue adaptado para convertirse en la segunda entrega de Mario en Occidente.
Su estética, sus mecánicas, su narrativa… todo era distinto. No había Goombas ni Koopa Troopas. En su lugar, nos enfrentábamos a Shy Guys, Snifits y, por supuesto, a Wart, un villano que odiaba las verduras y gobernaba un reino de pesadilla.
Subcon era un lugar extraño, un mundo onírico donde las leyes de la física se doblaban. Un territorio perfecto para explorar en una película que, según parece, quiere ir más allá del típico «rescata a la princesa».
Si Peach se adentra en Subcon, como sugiere su enfrentamiento con estos tres personajes, entonces Wart no solo es posible: es inevitable.
Lo que dice sobre cómo construimos mitologías
Aquí es donde la cosa se pone interesante para mí.
Estamos en una era donde el pasado no se descarta, se recontextualiza. Donde los elementos olvidados pueden volver con propósito, con significado. Es lo que algunas franquicias llevan años intentando: crear universos cohesivos sin perder la esencia.
Introducir a Wart sería más que nostalgia. Sería reconocer que este universo tiene más capas de las que pensábamos. Un villano con motivaciones distintas, con un ejército propio, con una estética que rompe con lo establecido.
En un panorama cinematográfico donde los multiversos son moneda corriente, rescatar a Wart sería la jugada perfecta. No porque sea un personaje icónico, sino porque representa lo que Mario puede ser cuando se atreve a experimentar.
La memoria colectiva como narrativa
Lo que me fascina de todo esto no es solo el factor nostalgia. Es lo que dice sobre cómo estamos construyendo narrativas hoy en día.
Nintendo está haciendo con Mario lo que otras franquicias llevan años intentando: revelar conexiones que siempre estuvieron ahí, esperando a que alguien las notara. No están forzando nada. Están excavando en su propia mitología y encontrando oro.
Es algo que vi en Blade Runner 2049, cuando Denis Villeneuve no intentó replicar el original sino expandir su universo. O en cómo Arrival construye su narrativa sobre la memoria y el tiempo. Las mejores historias no gritan sus intenciones. Las susurran entre líneas.
Y si hay algo que he aprendido pausando películas para apuntar frases o quedándome días pensando en un detalle aparentemente menor, es que los detalles importan.
Puede que Wart no aparezca finalmente. Puede que Birdo, Mouser y Clawgrip sean solo cameos, guiños simpáticos sin mayor trascendencia.
Pero la sola posibilidad de que estén construyendo algo más grande, de que estén tejiendo una red que conecta décadas de historia, es suficiente para mantenerme intrigado.
Porque al final, las pistas están ahí para quien quiera verlas. A veces, tres personajes olvidados en un tráiler pueden ser la puerta a un mundo entero esperando ser redescubierto.
El 3 de abril de 2026 sabremos si esta teoría se sostiene. Mientras tanto, seguiré mirando cada fotograma como si fuera un mapa del tesoro.
Porque quizá lo sea.

