• The Super Mario Bros. Movie permanece entre lo más visto en Prime Video tres años después de su estreno, un fenómeno que dice más sobre nosotros que sobre la película misma.
• Su éxito radica en no pretender ser lo que no es: es entretenimiento reconfortante en tiempos donde lo predecible se ha convertido en refugio, y eso tiene un valor que solemos subestimar.
• La secuela de 2026 enfrenta un dilema fascinante: ¿arriesgar narrativamente o repetir la fórmula que el mercado premia?
Hay algo revelador en observar qué películas desafían el paso del tiempo. No hablo de obras maestras redescubiertas décadas después, sino de fenómenos que se niegan a desaparecer del radar colectivo. The Super Mario Bros. Movie es uno de esos casos que me hacen pausar.
Tres años después de su estreno en 2023, sigue entre las diez más vistas en Prime Video en Estados Unidos. No es un clásico de culto ni una joya incomprendida. Es exactamente lo que esperabas. Y quizá ahí radique su poder.
Vivimos en una época donde lo predecible se ha convertido en refugio. Donde el espectáculo familiar y reconfortante tiene más valor del que admitimos. Y eso me lleva a preguntarme qué buscamos realmente cuando encendemos una pantalla.
Un éxito que no necesita justificarse
La recepción crítica fue tibia: 59% en Rotten Tomatoes. Pero el público respondió con un 95% de aprobación y 1.360 millones de dólares en taquilla.
Tres años después, compite con estrenos de 2025. Se mantiene relevante en un ecosistema donde la mayoría del contenido desaparece en semanas.
¿Qué la hace perdurar?
No está en la innovación narrativa. Mario contra Bowser es la historia que todos esperábamos. Sin giros inesperados, sin subversión del género. Una película que cumple su promesa básica: personajes queridos en una aventura visualmente deslumbrante, con guiños para los fans y estructura narrativa simple pero efectiva.
Funciona porque no intenta ser más de lo que es.
El valor de lo reconocible
Hay algo que aprendí viendo Arrival una y otra vez: no todas las películas necesitan desafiarnos. Algunas están ahí para recordarnos por qué amamos el cine.
The Super Mario Bros. Movie no es Arrival, evidentemente. Pero cumple una función similar en su propio registro: nos conecta con algo familiar que nos hace sentir bien.
La animación es espectacular. Los Easter Eggs están colocados con cuidado. Los personajes son fieles a sus versiones de videojuego. Es una carta de amor ejecutada con competencia técnica y respeto.
¿Es suficiente? Para millones de personas, claramente sí.
Lo que revela sobre nosotros
Que esta película siga siendo relevante tres años después dice algo sobre nuestro momento cultural. Sobre nuestra necesidad de confort en tiempos inciertos. Sobre cómo valoramos la nostalgia y lo reconocible.
No es necesariamente negativo. Pero sí revelador.
Vivimos en una era donde el riesgo creativo en grandes producciones es cada vez más raro. Las fórmulas probadas dominan porque el mercado las premia. Y películas como esta demuestran que esa estrategia funciona comercialmente.
Pienso en cómo la ciencia ficción usa marcos familiares para explorar ideas grandes. Star Trek tomó el formato de western espacial para hablar de diplomacia y ética. Blade Runner usó el noir para cuestionar qué nos hace humanos. Incluso Dune envuelve críticas al colonialismo en épica espacial.
El cine mainstream se mueve en dirección opuesta: hacia lo seguro, lo reconocible, lo que no incomoda. Y funciona. Pero me pregunto qué estamos perdiendo en el camino.
La secuela y su oportunidad
The Super Mario Galaxy Movie llegará en 2026. Reparto expandido, mayor presupuesto, expectativas altísimas.
La pregunta es: ¿debería arriesgar más?
Pienso en Toy Story, que evolucionó hacia territorios emocionalmente complejos sin perder su esencia. En cómo Spider-Verse demostró que puedes ser visualmente radical y narrativamente ambicioso sin alienar a tu audiencia.
La secuela tiene la oportunidad de explorar más. De dar protagonismo a personajes secundarios. De introducir temas que vayan más allá de «el héroe salva a la princesa». Todo manteniendo el tono accesible que funcionó.
Pero el mercado premia precisamente lo contrario.
Hay una parte de mí que admira la honestidad de The Super Mario Bros. Movie. No pretende ser lo que no es. Es entretenimiento puro, ejecutado con profesionalidad y cariño. En un mundo saturado de contenido que intenta ser demasiadas cosas a la vez, esa claridad de propósito tiene valor.
Pero espero que la secuela se atreva a más. Que entienda que el éxito le da licencia para experimentar, profundizar, sorprender.
Porque el verdadero legado de una franquicia no se mide solo en taquilla, sino en su capacidad de evolucionar sin perder el alma. Y eso requiere precisamente el tipo de valentía creativa que la primera película evitó cuidadosamente.
Veremos si en 2026 están dispuestos a dar ese salto.

