Las películas de animación que se estrenan en 2026

2026 trae secuelas y pocas apuestas. Toy Story 5 simboliza la industria: rentabilidad sobre audacia. Serkis con Animal Farm podría salvar el año.

✍🏻 Por Tomas Velarde

enero 4, 2026

• El calendario de animación para 2026 incluye desde la quinta entrega de Toy Story hasta la adaptación de Rebelión en la granja de Orwell, pasando por secuelas de franquicias consolidadas.

• La industria cinematográfica sigue priorizando la rentabilidad probada sobre la audacia narrativa, aunque algunos títulos sugieren posibilidades más ambiciosas.

• Entre enero y agosto llegarán estas propuestas, con Pixar, Illumination y Netflix liderando una oferta que oscila entre lo puramente comercial y lo artísticamente prometedor.


Observar el calendario de estrenos de animación de un año venidero es como leer un mapa de intenciones. No se trata solo de fechas y títulos: es una declaración sobre qué considera la industria digno de inversión millonaria y atención masiva.

El 2026 se perfila como un año de contrastes: franquicias que regresan por enésima vez junto a intentos tímidos de explorar territorios menos transitados. Como espectador que ha seguido la evolución de este medio desde que la animación era considerada un género menor, me resulta inevitable preguntarme si asistiremos a un renacimiento creativo o simplemente a otra vuelta de tuerca del mismo mecanismo comercial.

La animación nació como arte puro. Desde los experimentos de Émile Cohl hasta la maestría de los estudios Disney en su época dorada, este medio ha demostrado capacidad única para trascender lo real y adentrarse donde la imaginación dicta las reglas. Sin embargo, en décadas recientes hemos asistido a una progresiva estandarización del lenguaje animado, donde las fórmulas narrativas se repiten con variaciones mínimas y la audacia formal brilla por su ausencia.

¿Qué nos depara entonces este 2026?


El año arrancará el 22 de enero con Cosmic Princess Kaguya!, producción de Netflix que adapta el clásico cuento japonés El cortador de bambú. Dirigida por Shingo Yamashita, esta película musical de anime promete revisitar una de las narrativas fundacionales de la literatura nipona.

Mi relación con el anime ha sido siempre de admiración cautelosa. Cuando alcanza la excelencia —pienso en Miyazaki, en Takahata, en Satoshi Kon— logra una profundidad emocional y sofisticación visual que pocas producciones occidentales igualan. Cuando falla, cae en convencionalismos agotadores. Habrá que ver de qué lado se inclina esta propuesta.

Tres semanas después, el 13 de febrero, Sony Pictures Animation estrenará Goat, comedia deportiva producida por Stephen Curry sobre una cabra con aspiraciones de atleta profesional. La animación contemporánea estadounidense tiende a confundir premisa absurda con originalidad genuina. No basta plantear una situación extravagante; es necesario construir alrededor un universo coherente y personajes con densidad psicológica.


El 6 de marzo llegará Hoppers, la nueva apuesta de Pixar dirigida por Daniel Chong. La película sigue a un adolescente que utiliza tecnología similar a la de Avatar para hacerse pasar por un castor.

Pixar, ese estudio que nos regaló obras maestras como WALL-E o Up, ha atravesado años recientes de irregularidad. Por cada destello de brillantez —Soul fue ejemplo reciente— aparecen productos diseñados más por comités de marketing que por verdaderos narradores visuales.

La premisa de Hoppers tiene potencial, pero me preocupa que se quede en la superficie de sus posibilidades metafóricas. La identidad, la adolescencia, la relación con la naturaleza: todos estos temas están implícitos en el concepto. La pregunta es si tendrán el coraje de explorarlos con profundidad.


Abril traerá el día 3 The Super Mario Galaxy Movie, secuela de la exitosa adaptación de Illumination. Chris Pratt regresa como Mario, incorporándose Brie Larson como Rosalina.

Debo ser franco: la primera entrega me dejó profundamente indiferente. Técnicamente competente, visualmente colorida, narrativamente vacía. Es el tipo de cine que funciona como entretenimiento pasajero pero no deja huella alguna. Illumination ha perfeccionado una fórmula de éxito comercial que prescinde casi por completo de ambición artística.


Mayo nos traerá algo potencialmente más interesante: Animal Farm, nueva adaptación de la novela de George Orwell dirigida por Andy Serkis, con estreno previsto para el 1 de mayo.

Orwell escribió una fábula política de lucidez cortante, una alegoría sobre el totalitarismo que sigue siendo dolorosamente relevante. La animación, por su propia naturaleza, parece el medio ideal para trasladar esta historia a la pantalla.

La versión de 1954, producida en plena Guerra Fría, tenía sus méritos pero también limitaciones. Serkis, conocido por su trabajo con captura de movimiento y su sensibilidad hacia interpretaciones no humanas, podría estar en posición de ofrecer algo memorable.

Mi esperanza es que no diluyan el filo político de la obra original en aras de hacerla más «familiar». Orwell no escribió para niños, y su texto no debería tratarse como tal.


Junio será un mes particularmente denso. El día 5 llegará Animal Friends, producción híbrida de acción real y animación protagonizada por Ryan Reynolds y Jason Momoa.

El formato híbrido tiene tradición noble —¿Quién engañó a Roger Rabbit? sigue siendo un prodigio técnico y narrativo— pero también ha dado lugar a productos olvidables. Reynolds, con su marca registrada de humor autoconsciente, puede resultar encantador o agotador según el contexto.

Apenas dos semanas después, el 19 de junio, Pixar estrenará Toy Story 5. Y aquí debo hacer una pausa para reflexionar sobre lo que significa esta quinta entrega.

La trilogía original de Toy Story constituye uno de los logros más notables de la animación moderna: tres películas que funcionan como un todo orgánico, que maduran junto a su audiencia, que exploran con honestidad emocional temas como la mortalidad, el abandono y el paso del tiempo.

La tercera entrega ofrecía un cierre perfecto, una conclusión que hacía justicia a todo lo anterior. Luego llegó la cuarta, innecesaria pero al menos interesante en su exploración de la autonomía y el propósito.

¿Qué puede aportar una quinta? Andrew Stanton, que dirigió Buscando a Nemo y WALL-E, está al mando, lo cual es garantía de competencia técnica. Pero la competencia no basta cuando el problema es conceptual. ¿Cuántas veces podemos revisitar estos personajes antes de que pierdan su magia?


Julio comenzará con Minions 3 el día 1, y agosto traerá el 14 PAW Patrol: The Dino Movie, tercera película de esta franquicia televisiva.

Ambas representan esa tendencia preocupante del cine animado contemporáneo: contenido que funciona más como extensión de líneas de juguetes que como narrativa cinematográfica propiamente dicha. El cine para niños no tiene por qué ser simplista o condescendiente. Los grandes maestros de la animación —pienso en Chuck Jones, en Hayao Miyazaki— siempre respetaron la inteligencia de su audiencia infantil.

Finalmente, el 28 de agosto se estrenará Coyote vs. Acme, producción híbrida que narra cómo el Coyote demanda a la corporación ACME. Este proyecto tiene una historia de producción turbulenta, habiendo sido rescatado tras su cancelación inicial.

La premisa es ingeniosa: llevar a los tribunales la relación abusiva entre el Coyote y su proveedor de artilugios defectuosos. Chuck Jones creó en el Coyote y el Correcaminos una de las dinámicas más perfectas de la animación clásica: pura expresión visual, timing impecable, violencia estilizada que funcionaba como ballet.

Trasladar eso a un formato de acción real con elementos animados es arriesgado. Puede resultar en algo genuinamente original o en un desastre conceptual.


Observando este panorama en su conjunto, me asalta una sensación ambivalente. Por un lado, es innegable que la animación goza de buena salud industrial: los presupuestos son generosos, los estudios siguen apostando por el medio, el público responde.

Por otro lado, echo de menos la audacia formal y narrativa que caracterizó a épocas anteriores. ¿Dónde están los herederos de Miyazaki, de Brad Bird en su mejor momento, de los Pixar que se atrevían a hacer una película casi muda sobre un robot enamorado?

Quizá sea injusto juzgar estas películas antes de verlas. Quizá alguna me sorprenda gratamente, como ha ocurrido en ocasiones anteriores cuando mis expectativas eran bajas. Animal Farm tiene potencial genuino si Serkis mantiene la integridad de la obra original. Toy Story 5, con Stanton al mando, podría justificar su existencia si encuentra algo verdaderamente nuevo que decir.

Pero la tendencia general es clara: la industria prefiere lo seguro a lo arriesgado, la franquicia establecida a la visión original. El 2026 nos traerá entretenimiento, sin duda. La pregunta es si nos traerá también algo de ese arte que la animación, en sus mejores momentos, ha demostrado ser capaz de alcanzar.

Como siempre, esperaré en la sala oscura, con la esperanza intacta de que alguien, en algún lugar, siga creyendo que este medio merece algo más que nuestra complacencia.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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