La nueva “Cumbres Borrascosas”: ¿cine valiente o timo romántico?

Críticos hablan de química brutal y éxito masivo, pero el artículo cuestiona si esta versión sacrifica la tragedia y complejidad de Brontë por puro espectáculo.

✍🏻 Por Tomas Velarde

febrero 5, 2026

• Emerald Fennell estrena su versión de «Cumbres Borrascosas» con Margot Robbie y Jacob Elordi el 13 de febrero de 2026, cosechando primeras reacciones entusiastas que destacan su factura técnica.

• Me inquieta que los elogios se centren más en «espectáculo» y «química» que en profundidad: ¿habrá respetado Fennell la oscuridad esencial de Brontë o nos encontraremos ante otro producto comercial disfrazado de cine de autor?

• La novela de Emily Brontë ha resistido décadas de adaptaciones fallidas; desde el Olivier de Wyler hasta la cruda propuesta de Andrea Arnold, ninguna ha logrado capturar definitivamente su furia romántica.


Hay clásicos literarios que parecen inmunes a cualquier traslación cinematográfica definitiva. La novela de Emily Brontë, publicada en 1847, es uno de ellos. Desde aquella memorable versión de William Wyler en 1939 —con un Laurence Olivier inolvidable— hasta el intento descarnado de Andrea Arnold en 2011, «Cumbres Borrascosas» ha desafiado a generaciones de cineastas. Ahora es Emerald Fennell quien se atreve, y las primeras reacciones sugieren que podríamos estar ante algo distinto.

Lo fascinante —y también inquietante— es el lenguaje con que se recibe esta adaptación. Palabras como «espectáculo», «química abrasadora» y «éxito de taquilla masivo» dominan las impresiones iniciales. Uno se pregunta si estamos ante una verdadera relectura de Brontë o simplemente ante otro producto diseñado para satisfacer al público contemporáneo.

La cuestión no es baladí: ¿puede el cine actual capturar la oscuridad esencial de esta historia sin convertirla en entretenimiento?

Entre el entusiasmo y la cautela

Los pases iniciales han generado un torrente de elogios. Se habla de «nuevo clásico de primer nivel», destacando especialmente la fotografía de Linus Sandgren y el diseño de producción de Suzie Davies. Desde Variety se subraya la naturaleza «ardiente» del filme y se enfatiza que la química entre Robbie y Elordi alcanza «otro nivel completamente diferente».

Algunos críticos predicen que está «destinada a ser un éxito masivo» y que consolidará a Fennell como una de las cineastas más solicitadas de la industria. Otros anticipan que «abrirá bien y se disparará en taquilla».

Todo muy halagüeño. Quizá demasiado.

La cuestión del oficio

Lo alentador es la atención prestada a los aspectos puramente cinematográficos. La mención reiterada a Sandgren —cuyo trabajo en «La La Land» demostró su capacidad para crear atmósferas envolventes— sugiere que Fennell ha cuidado la puesta en escena.

El diseño de producción de Suzie Davies, veterana colaboradora de Wes Anderson, apunta igualmente a una coherencia visual rigurosa. Recuerdo el trabajo de Davies en «The Grand Budapest Hotel»: cada encuadre era una composición perfecta, cada color tenía su razón de ser.

La música corre a cargo de Charli xcx, una elección desconcertante para una adaptación de época. Habrá que ver si aporta una perspectiva genuina o si simplemente busca atraer a un público más joven. La música en el cine de época es siempre delicada: pensemos en cómo Kubrick utilizó composiciones de la época en «Barry Lyndon» para crear distancia irónica, o cómo Visconti empleó la música romántica para subrayar la decadencia.

El reparto y la complejidad

Margot Robbie encarna a Cathy, mientras que Jacob Elordi da vida a Heathcliff. El reparto secundario incluye a Hong Chau, Alison Oliver y Shazad Latif, nombres que sugieren una apuesta por actores de carácter más que por estrellas rutilantes.

La química entre los protagonistas parece ser el elemento más celebrado. Pero la química, por sí sola, no basta. Heathcliff no es simplemente un amante apasionado; es una figura casi demoníaca, consumida por la venganza. Cathy no es una heroína romántica convencional; es egoísta, contradictoria, destructiva.

La pregunta es si Fennell ha respetado esta complejidad o si ha optado por una versión más digerible, más «romántica» en el sentido contemporáneo del término.

La visión de Fennell

La directora ha declarado ser una «superfan» del material original y ha expresado su deseo de capturar la respuesta «primaria, sexual y emocional» que experimentó al leer la novela. Es una declaración interesante, aunque también preocupante.

El énfasis en lo «sexual» puede ser fiel al espíritu de la novela —que ciertamente contiene una pasión casi violenta—, pero también puede derivar en un mero espectáculo sensual que pierda la dimensión trágica y existencial de la historia.

Fennell demostró en «Una joven prometedora» su capacidad para subvertir géneros, aunque aquella película también dividió a la crítica por su tono irregular y su resolución algo forzada.

El peso de las adaptaciones previas

Vale la pena recordar el historial cinematográfico de esta novela. La versión de Wyler de 1939, con Olivier y Merle Oberon, sigue siendo la referencia, aunque tomó libertades considerables, suavizando los aspectos más oscuros y centrándose en la primera mitad de la novela.

La de 1992, con Ralph Fiennes y Juliette Binoche, intentó capturar la totalidad de la narrativa pero resultó desigual. La adaptación de Andrea Arnold en 2011 fue quizá la más radical: naturalista, cruda, despojada de romanticismo convencional. También la más divisiva.

Lo que está en juego

Las predicciones de éxito comercial son unánimes. Varios críticos mencionan el potencial en categorías técnicas para la temporada de premios: fotografía, diseño de vestuario, diseño de producción. Es significativo que no se mencione con la misma insistencia las interpretaciones o la dirección.

Warner Bros. ha fijado el estreno para el 13 de febrero de 2026, una fecha que sugiere confianza comercial pero que también lo sitúa fuera de la temporada de premios principal.


Habrá que esperar al estreno para juzgar con propiedad. Las primeras reacciones son entusiastas, pero también reveladoras: se habla más de «espectáculo» y «química» que de profundidad emocional o complejidad narrativa.

Uno confía en que Fennell haya encontrado un equilibrio entre la accesibilidad comercial y el respeto al material original, aunque la historia del cine está plagada de adaptaciones que sacrificaron la segunda en aras de la primera.

Lo indudable es que el cine contemporáneo sigue necesitando enfrentarse a los clásicos literarios, reinterpretarlos, dialogar con ellos. Si esta nueva versión logra que una nueva generación descubra la novela de Brontë, ya habrá cumplido una función valiosa.

Si además consigue capturar algo de su furia, de su desesperación, de su belleza terrible, entonces estaremos ante algo verdaderamente memorable.

El 13 de febrero tendremos la respuesta.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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