• Kathleen Kennedy deja la presidencia de Lucasfilm tras casi 14 años, con Dave Filoni asumiendo como Presidente y Director Creativo y Lynwen Brennan como Co-Presidenta.
• Este cambio no es solo administrativo: es Lucasfilm decidiendo qué tipo de historias quiere contar cuando una franquicia lleva décadas buscando su identidad.
• Kennedy permanecerá como productora en dos próximos estrenos antes de dedicarse a proyectos independientes, cerrando una era de contradicciones que reflejan nuestras propias expectativas imposibles.
Hay algo profundamente simbólico en ver cómo las instituciones cambian de manos. No hablo de organigramas o comunicados corporativos, sino de ese momento en que una visión cede paso a otra.
Lucasfilm acaba de vivir uno de esos instantes.
Después de casi 14 años al frente del estudio, Kathleen Kennedy se retira de la presidencia. Dave Filoni y Lynwen Brennan toman ahora el timón, y la pregunta no es solo quiénes son, sino qué representa este cambio para una franquicia que lleva décadas intentando entender qué quiere ser cuando crece.
Me quedé pensando en esto durante días. No porque Kennedy haya sido perfecta, sino porque su legado es un espejo de nuestras propias contradicciones como audiencia.
Queremos que Star Wars sea lo que fue, pero también que sea algo nuevo. Queremos riesgo, pero no demasiado. Queremos nostalgia, pero nos quejamos cuando nos la sirven.
Y ahora, con Filoni al mando creativo, nos enfrentamos a una pregunta incómoda: ¿estamos listos para lo que viene, o seguiremos pidiendo que nos devuelvan algo que nunca podremos recuperar?
El fin de una era
Kennedy no se va del todo. Permanecerá como productora en The Mandalorian and Grogu (22 de mayo de 2026) y Star Wars: Starfighter (28 de mayo de 2027), antes de embarcarse en proyectos independientes.
Es una salida elegante, casi ceremonial, pero también necesaria.
Su mandato ha sido una montaña rusa que dice mucho sobre lo difícil que es gestionar un universo tan cargado de expectativas. La trilogía secuela recaudó 4.470 millones de dólares. The Mandalorian salvó a Disney+ en su lanzamiento y se convirtió en un fenómeno cultural.
Pero también hubo tropiezos. Solo perdió dinero. The Acolyte no conectó. Indiana Jones y el dial del destino decepcionó. Y la trilogía secuela, pese a su éxito comercial, dejó a los fans profundamente divididos.
Lo interesante no es juzgar si Kennedy lo hizo bien o mal, sino entender qué nos dice todo esto.
Lucasfilm bajo su mando intentó equilibrar lo imposible: honrar el pasado mientras construía algo nuevo, satisfacer a los fans mientras atraía a nuevas audiencias. Fue un acto de malabarismo constante, y algunas bolas cayeron al suelo.
Filoni y Brennan: continuidad con matices
Dave Filoni no es un desconocido. Lleva en Lucasfilm desde 2005, cuando George Lucas le encargó construir el estudio de animación desde cero.
Creó The Clone Wars y Rebels, dos series que expandieron el universo de Star Wars de formas que las películas nunca se atrevieron a hacer.
Filoni entiende Star Wars desde dentro. No solo conoce la mitología, sino que sabe cómo funcionan sus engranajes narrativos. Es alguien que puede pausar una escena y explicarte por qué un personaje toma una decisión, no solo en términos de trama, sino de arco emocional y temático.
Eso es raro en Hollywood.
Lynwen Brennan, por su parte, trae una perspectiva operativa crucial. Entró en Industrial Light & Magic en 1999 y se convirtió en presidenta de ILM en 2009. Bajo su liderazgo, ILM consolidó su estatus como el estudio de efectos visuales más importante de la industria.
Juntos representan continuidad, pero también un cambio de enfoque. Kennedy era una productora legendaria con una visión amplia. Filoni es un narrador que vive y respira Star Wars. Brennan es una estratega que entiende cómo hacer que las cosas funcionen a gran escala.
Es una combinación interesante, casi complementaria.
Lo que viene
Lucasfilm tiene una agenda llena. The Mandalorian and Grogu marcará el regreso de Star Wars a las salas de cine. Star Wars: Starfighter llegará un año después. Hay proyectos animados como Maul: Shadow Lord y más temporadas de Ahsoka en camino.
El estudio no se detiene, pero la pregunta es: ¿hacia dónde va?
Filoni ha demostrado que puede contar historias que respetan el canon mientras exploran nuevos territorios. Andor mostró que Star Wars puede ser maduro, político y profundamente humano. The Mandalorian probó que puedes hacer algo fresco sin romper lo que ya existe.
La cuestión es si Filoni tendrá la libertad —y el coraje— para arriesgar cuando sea necesario.
Porque aquí está el dilema: Star Wars necesita evolucionar, pero cada vez que lo intenta, una parte de la audiencia se rebela. The Last Jedi fue audaz y divisivo. The Acolyte intentó algo diferente y fue rechazado.
¿Cuánto puede cambiar una franquicia antes de dejar de ser ella misma? ¿Y cuánto debe permanecer igual antes de volverse irrelevante?
Me recuerda a cómo Star Trek ha navegado sus propias reinvenciones. Cada nueva serie —desde The Next Generation hasta Discovery— enfrentó resistencia inicial, pero algunas encontraron su voz al atreverse a ser distintas.
Hay algo casi poético en que Filoni, alguien que aprendió de George Lucas y Kathleen Kennedy, sea ahora quien guíe el futuro de Lucasfilm.
Es como si la saga estuviera pasando de generación en generación, no solo en la pantalla, sino también detrás de cámaras.
Y quizá eso es lo que Star Wars siempre ha sido: una conversación entre el pasado y el futuro, entre lo que fuimos y lo que queremos ser.
Me pregunto si dentro de 14 años miraremos atrás y veremos esta transición como el momento en que Lucasfilm encontró su rumbo, o como el instante en que perdió algo esencial.
No lo sé. Pero sí sé esto: el cambio es inevitable, y resistirse a él es como intentar detener el tiempo. Star Wars seguirá adelante, con o sin nosotros.
La pregunta es si estaremos dispuestos a acompañarlo en el viaje.

