¿Hipócrita? Lo que revela el salto de Scorsese a Star Wars

Scorsese presta su voz en The Mandalorian & Grogu y desmonta, desde dentro de Star Wars, la falsa guerra entre cine de autor y franquicias.

✍🏻 Por Alex Reyna

febrero 21, 2026

• Martin Scorsese pone voz a un personaje Ardenniano en The Mandalorian & Grogu, demostrando que las fronteras entre cine de autor y entretenimiento masivo son más porosas de lo que creemos.

• Su participación no contradice sus críticas a Marvel: Star Wars nació del cine de autor de los 70, mientras que el MCU responde a otra lógica industrial completamente distinta.

• Este cameo nos recuerda que el cine, en todas sus formas, sigue siendo un espacio de encuentro donde las ideas y las amistades construyen historias que trascienden las etiquetas.


Hay algo profundamente revelador en ver a Martin Scorsese entrar al universo de Star Wars. No como crítico, sino como participante. Poniendo su voz al servicio de una galaxia muy, muy lejana.

Es el tipo de giro que la vida real ofrece mejor que cualquier guion: el cineasta que definió el cine de autor estadounidense ahora habita, aunque sea brevemente, en una de las franquias más comerciales del planeta.

Y sin embargo, tiene todo el sentido del mundo.

Porque detrás de las grandes máquinas narrativas siempre hay personas. Amistades. Historias compartidas. Y Scorsese, con toda su gravedad artística, también entiende el poder del juego, de la colaboración, de decir «sí» a algo porque puede ser significativo. O divertido. O ambas cosas.

El cameo como lenguaje

Star Wars siempre ha entendido los cameos como parte de su ADN. Desde Ralph McQuarrie en El Imperio Contraataca hasta Daniel Craig bajo el casco de un stormtrooper, estos guiños son reconocimientos. Formas de decir: «esto que ves es también nuestro, de quienes lo hacemos».

Que Scorsese preste su voz a un Ardenniano —la misma especie que Jon Favreau interpretó en Solo— es casi poético. Es una conexión que va más allá del simple entretenimiento.

Las redes que sostienen el cine

Scorsese no llegó aquí por accidente. Su amistad con George Lucas es legendaria, una de esas relaciones que atraviesan décadas. Fue Lucas, junto a Coppola y Spielberg, quien le entregó el Oscar a Mejor Director.

Y está Jon Favreau, arquitecto de The Mandalorian y de esta película. Favreau trabajó con Scorsese en El Lobo de Wall Street, una colaboración que dejó huella.

El cine es una conversación continua entre creadores. A veces esa conversación toma la forma de un personaje alienígena en un tráiler.

Por qué esto no contradice nada

En 2019, Scorsese dijo que las películas de Marvel «no son cine», que se parecen más a atracciones de parque temático. Fue un comentario que dividió aguas.

Y ahora participa en una franquicia de Disney. Algunos lo ven como hipocresía.

Pero hay una diferencia conceptual importante: Star Wars nació del cine de autor de los 70. Lucas, Coppola, Spielberg, De Palma… todos ellos querían contar historias míticas con libertad creativa. Star Wars siempre fue cine de autor disfrazado de entretenimiento masivo.

Marvel, en cambio, responde a otra lógica: la del universo compartido como producto industrial, donde las películas individuales sirven a una narrativa corporativa mayor. No es mejor ni peor. Es diferente.

Recuerdo ver Taxi Driver y La Guerra de las Galaxias con apenas unos años de diferencia en mi adolescencia. Ambas exploraban la soledad, el heroísmo, la búsqueda de sentido. Una desde las calles de Nueva York, otra desde el espacio. Ambas eran válidas. Ambas eran cine.

Lo que esto dice sobre nosotros

Las fronteras que trazamos entre «cine serio» y «cine comercial» son más artificiales de lo que admitimos. Son construcciones que nos ayudan a organizar el mundo, pero que a menudo nos impiden ver las conexiones reales.

Scorsese puede hacer Killers of the Flower Moon y también poner voz a un alienígena en Star Wars. Ambas cosas coexisten. Ambas son actos de generosidad creativa.

Y quizá eso es lo más interesante: que uno de los grandes defensores del cine como arte elevado también entiende que el cine es, ante todo, un acto de compartir. De jugar. De construir juntos.

El cine como espacio de encuentro

Hay algo hermoso en ver cómo las trayectorias se cruzan de formas inesperadas. Scorsese en Star Wars no es una traición ni una contradicción. Es la prueba de que el cine, en todas sus formas, sigue siendo un espacio de encuentro.

Un lugar donde las amistades importan tanto como las ideas. Donde lo comercial y lo artístico no tienen por qué estar reñidos.

Star Wars nos enseña, desde su primera película, que las mejores historias son las que construimos juntos. Las que nacen de la colaboración, del respeto mutuo, de entender que todos estamos jugando en la misma galaxia.

Scorsese acaba de recordárnoslo de la forma más inesperada posible. Y en ese recordatorio hay una lección sobre cómo definimos el arte, sobre quién decide qué merece ser llamado cine, y sobre cómo las etiquetas que usamos dicen más de nosotros que de las obras mismas.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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