• Glen Powell y A24 se unen para revivir La matanza de Texas con una serie de televisión y una película, prometiendo un enfoque fresco que respete el legado del clásico de 1974.
• El proyecto busca explorar nueva mitología y profundizar en la historia original, no simplemente recontarla, con el cineasta J.T. Mollner al frente.
• Powell actuará principalmente como productor, confiando en que el equipo creativo logrará algo especial con una franquicia que definió el género del terror.
Existe un tipo de película que trasciende su propio género. Que deja de ser entretenimiento para convertirse en documento, en espejo oscuro de algo que preferíamos no ver. La matanza de Texas de 1974 fue eso: un artefacto cultural que capturó el colapso de cierta América, la violencia como ritual familiar, el horror de lo cotidiano convertido en pesadilla.
Ahora, cincuenta años después, Glen Powell y A24 prometen revivirla. No con otro remake desesperado, sino con algo que —según sus palabras— será «especial».
Y me pregunto: ¿qué significa revivir un clásico en 2025? ¿Qué dice de nosotros que sigamos volviendo a estas historias?
El peso de lo que fue
Cuando Tobe Hooper rodó aquella película con 140.000 dólares y el calor asfixiante de Texas, no sabía que estaba redefiniendo el terror. No tenía presupuesto para efectos. Apenas tenía película virgen. Lo que tenía era una visión clara de la incomodidad que quería provocar.
El resultado recaudó más de 30 millones de dólares. Pero los números nunca cuentan la historia completa.
Lo importante fue cómo la película se instaló en el imaginario colectivo. Cómo estableció códigos que el género repetiría durante décadas. La violencia sugerida más que explícita. La atmósfera de documental sucio. Esa sensación de haber cruzado una frontera invisible hacia un lugar donde las reglas sociales ya no aplicaban.
Desde entonces, la franquicia ha tenido ocho continuaciones. Algunas interesantes. Otras, mero producto. Ninguna con el peso de la original.
Es el destino de muchos clásicos: convertirse en marca, en excusa para explotar nostalgia. Por eso importa quién toca el material ahora.
La intención detrás del proyecto
En una entrevista reciente con Variety, Powell habló del proyecto con algo que no suena a marketing corporativo. Suena a respeto. «La matanza de Texas es una de las películas de terror más brillantes. Definió el género», explicó.
Pero lo interesante vino después: su insistencia en que A24 es «guardián de la calidad». Un estudio que entiende cómo hacer cine de género con alma.
Y tiene razón.
A24 ha demostrado con Hereditary, Midsommar o The Witch que el terror puede ser artístico sin perder su capacidad de perturbar. Que puedes respetar la inteligencia del espectador y aun así hacerle pasar un mal rato. Es el tipo de casa productora que confía en la ambigüedad, en el subtexto, en dejar que las imágenes respiren.
Me recuerda a cómo Denis Villeneuve abordó Blade Runner 2049: con reverencia absoluta hacia el original, pero sin intentar replicarlo. Expandiendo su universo en lugar de repetir sus movimientos.
Powell también destacó el papel de J.T. Mollner, el cineasta al frente del proyecto. Según él, Mollner y el equipo creativo son «apasionados y protectores del legado» mientras desarrollan un enfoque fresco. No están intentando rehacer la película de Hooper.
Están buscando, en palabras de Mollner, «una nueva forma de entrar» a la saga.
Expandir, no repetir
Kim Henkel, coguionista de la película original, ha insinuado que existe «una historia épica oculta en los antecedentes de La matanza de Texas». Es una declaración que abre puertas.
Sugiere que en lugar de volver a contar lo que ya conocemos, el proyecto explorará territorios nuevos. Mitología sin explotar. Contextos que den profundidad a lo que siempre fue, en esencia, una pesadilla pura.
Es el enfoque correcto.
Pienso en cómo Dune de Villeneuve no intentó competir con la versión de Lynch, sino construir algo completamente distinto desde los mismos cimientos. O cómo Andor tomó el universo de Star Wars y lo usó para hablar de resistencia, fascismo y el coste humano de la rebelión.
Powell será principalmente productor a través de su compañía Barnstorm, aunque no descarta aparecer en pantalla. Pero su rol principal será asegurarse de que el proyecto mantenga su norte creativo.
«Fue un proceso largo para llegar aquí, pero sé que tenemos algo realmente divertido por delante», afirmó con una confianza que no suena a pose.
Qué dice el terror sobre nosotros
Vivimos en una época donde el terror ha recuperado su voz política. Donde películas como Get Out, Nope o Barbarian usan el género para hablar de racismo, explotación, trauma generacional.
La matanza de Texas original también hablaba de algo: del colapso de la América rural, de la familia como estructura perversa, de la violencia como espectáculo cotidiano. De lo que pasa cuando las instituciones fallan y solo queda la tribu, con sus propias reglas salvajes.
¿Qué significa esa historia hoy?
¿Qué dice sobre nosotros que sigamos volviendo a ella? ¿Qué miedos colectivos habitan ese paisaje texano en 2025? ¿Qué nuevas formas de aislamiento, de descomposición social, de violencia normalizada podemos explorar?
Un reboot bien hecho podría actualizar esas conversaciones. Podría preguntarse qué significa el terror en la América actual, fragmentada, polarizada, donde las comunidades se cierran sobre sí mismas y el otro se convierte en amenaza.
O podría simplemente ser una buena historia de terror. A veces eso es suficiente.
Hay algo reconfortante en escuchar a alguien como Glen Powell hablar de un proyecto así con reverencia en lugar de oportunismo. En un mundo donde cada franquicia parece destinada a ser exprimida hasta que no quede nada, este enfoque se siente distinto.
No garantiza el éxito. Pero sí garantiza intención.
Y al final, eso es lo que separa un reboot memorable de uno olvidable: la intención. No se trata de si La matanza de Texas necesitaba volver, sino de si quienes la traen de vuelta entienden por qué importó en primer lugar.
Por ahora, todo apunta a que sí.
Y eso, en estos tiempos, ya es algo especial.

