• Elijah Wood confirma que Warner Bros. desarrolla varias películas de El Señor de los Anillos más allá de La caza de Gollum (2027), explorando espacios narrativos nunca mostrados en pantalla.
• Andy Serkis dirigiendo a Gollum representa algo más que un acierto de casting: es entregar la historia a quien la vivió desde dentro durante dos décadas.
• Volver a la Tierra Media en 2027 plantea una pregunta incómoda: ¿estamos ante nuevas historias necesarias o simplemente embotellando nostalgia?
Hay algo profundamente nostálgico en la idea de volver a la Tierra Media. No hablo solo de revisitar un universo de fantasía, sino de regresar a un momento cultural que definió el cine de principios de siglo.
Cuando Elijah Wood habla de «reunir a la banda», se refiere a recuperar una forma de hacer cine épico que hoy parece casi extinta. En una era dominada por universos cinematográficos fabricados en serie, la trilogía original de Peter Jackson sigue siendo un recordatorio de que lo grande puede ser también profundamente humano.
Pero aquí está la pregunta que me ronda desde que leí las declaraciones de Wood en la Fan Expo de Nueva Orleans: ¿qué significa realmente volver? ¿Es posible recuperar esa magia, o estamos ante el intento de embotellar algo que solo funcionó porque fue irrepetible?
La noticia de que Warner Bros. planea no una, sino varias películas más en este universo, me genera una mezcla de emoción y cautela.
El regreso que nadie confirmó (pero todos esperan)
Wood ha sido cuidadosamente ambiguo sobre su participación en La caza de Gollum. Cuando le preguntaron directamente, respondió con el tipo de evasiva que solo confirma lo obvio: está atado por contratos, no puede decir nada, pero su sonrisa lo dice todo.
Ian McKellen ya soltó la bomba hace unas semanas al afirmar que tanto Gandalf como Frodo aparecerán en la película. Wood no lo desmintió. Simplemente jugó con las palabras, como quien sabe que el secreto ya no es tal.
Lo interesante aquí no es tanto si Frodo estará o no —parece inevitable—, sino qué papel jugará en una historia que, cronológicamente, transcurre durante los primeros segmentos de La Comunidad del Anillo.
Aragorn persiguiendo a Gollum es un hueco narrativo que siempre estuvo ahí, mencionado pero nunca mostrado. Es territorio virgen dentro de un mapa que creíamos completo.
Y eso me parece fascinante. No están intentando reinventar la rueda ni reimaginar lo que ya funcionó. Están explorando los márgenes, los espacios en blanco del mapa. Es un enfoque que respeta lo establecido sin quedar paralizado por ello.
Me recuerda a cómo Blade Runner 2049 abordó su secuela: no compitiendo con el original, sino expandiendo sus preguntas.
Andy Serkis: del intérprete al arquitecto
Si hay algo que Wood dejó claro en sus declaraciones, es su entusiasmo por ver a Andy Serkis detrás de la cámara. Y tiene razón al llamarlo «increíblemente apropiado».
Serkis no solo interpretó a Gollum; lo construyó desde cero, capa por capa, convirtiendo la captura de movimiento en un arte dramático legítimo. Que ahora dirija una película centrada en ese mismo personaje es casi poético.
Pero hay algo más profundo aquí. Serkis entiende la Tierra Media desde dentro, desde la piel del personaje más trágico y complejo de toda la saga.
Gollum no es un villano simple; es un espejo roto de lo que la obsesión y la corrupción pueden hacer a un alma. Dirigir esa historia requiere alguien que comprenda no solo la mecánica narrativa, sino el peso emocional del personaje.
Más películas, más preguntas
Lo que realmente captó mi atención fue la revelación casual de Wood sobre los planes del estudio. No están pensando solo en La caza de Gollum. Están considerando múltiples películas.
Eso cambia la conversación por completo.
¿Estamos ante un nuevo universo expandido cinematográfico? ¿O simplemente ante historias sueltas que comparten un mundo común? La diferencia es crucial.
Una cosa es explorar rincones narrativos olvidados de la Tierra Media; otra muy distinta es intentar construir una franquicia interconectada al estilo Marvel. Hemos visto cómo ese modelo puede agotar hasta las sagas más queridas.
Personalmente, espero que opten por lo primero. La Tierra Media no necesita un plan maestro de diez películas. Necesita historias que respiren, que tengan principio y final, que no estén diseñadas como piezas de un rompecabezas comercial más grande.
Tolkien construyó un mundo vasto precisamente porque no todo estaba explicado. Había misterio, historia perdida, canciones olvidadas. Ese espacio negativo es parte de la magia.
El dilema del reparto
La incertidumbre sobre quién regresará es reveladora. Orlando Bloom ha expresado interés en volver como Legolas. Viggo Mortensen, en cambio, parece menos probable, con rumores de que buscan un actor más joven para Aragorn.
Tiene sentido cronológico, pero plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto de la magia original dependía de esos rostros específicos?
No es solo nostalgia. Es que esos actores encarnaron a esos personajes en un momento cultural específico, con una intensidad que es difícil de replicar. Cambiar piezas del rompecabezas puede funcionar narrativamente, pero emocionalmente es otra historia.
Volver a la Tierra Media en 2027 será, inevitablemente, un acto de nostalgia. Pero la nostalgia no tiene por qué ser un defecto. Puede ser un puente entre lo que fuimos y lo que somos ahora.
La pregunta es si estas nuevas películas tendrán algo que decir más allá de «¿recuerdas cuando esto era genial?» Porque si solo estamos revisitando por revisitar, entonces quizá sea mejor dejar que algunos viajes terminen donde empezaron.
Pero si Serkis y el equipo logran capturar aunque sea una fracción de lo que hizo especial a la trilogía original —esa mezcla de épica y humanidad, de espectáculo y silencio—, entonces quizá valga la pena el viaje.
Al fin y al cabo, no todos los que deambulan están perdidos. A veces, volver es la única forma de seguir adelante.

