• Shawn Levy dirigirá Star Wars: Starfighter (mayo 2027) aplicando lo aprendido en Stranger Things: mantener lo humano en medio del espectáculo épico.
• El reparto incluye a Ryan Gosling, Matt Smith, Mia Goth y Amy Adams en una historia con personajes nuevos, cinco años después de El Ascenso de Skywalker.
• El verdadero reto no es la escala de producción, sino no perderse en las expectativas de la franquicia—algo que resuena con los debates actuales sobre qué hace que las grandes historias perduren.
Hay algo fascinante en ver cómo ciertos directores migran entre universos narrativos. No hablo solo de cambiar de proyecto, sino de llevar consigo una filosofía, un método, una forma de entender qué hace que una historia funcione más allá de sus efectos visuales.
Shawn Levy, el hombre detrás de buena parte del ADN visual y emocional de Stranger Things, está a punto de aterrizar en una galaxia muy, muy lejana. Y lo interesante no es que vaya a dirigir una película de Star Wars—eso ya lo sabíamos—, sino cómo piensa hacerlo.
Porque Levy no está hablando de naves espaciales o sables de luz. Está hablando de no perderse.
De mantener la brújula apuntando hacia lo humano cuando todo a tu alrededor te empuja hacia lo monumental. Y eso, en el contexto actual de las grandes franquicias, es casi un acto de resistencia creativa.
Lo que Hawkins le enseñó sobre galaxias
En una reciente entrevista, Levy fue claro: trabajar en Stranger Things le enseñó algo fundamental. Puedes tener monstruos interdimensionales, conspiraciones gubernamentales y batallas apocalípticas, pero si pierdes de vista a los personajes—sus miedos, sus vínculos, sus decisiones—, pierdes la historia.
«Si algo he aprendido en Stranger Things«, dijo, «es que puedes dejarte intimidar por la escala de las expectativas de una franquicia. Pero perderás el rumbo si ese es tu foco. He aprendido la necesidad de mantenerte anclado en los personajes, en los temas y en las relaciones en pantalla».
Es una declaración sencilla, pero cargada de intención.
Me recuerda a algo que Denis Villeneuve dijo sobre Dune: que el verdadero desafío no era los gusanos de arena, sino hacer que te importara Paul Atreides. Que sintieras el peso de sus decisiones, no solo la espectacularidad de su entorno.
Levy sabe que Star Wars no es solo una película: es un ecosistema cultural, un campo de batalla de expectativas. Y en lugar de intentar complacer a todos, su estrategia parece ser la opuesta: volver a lo esencial.
Escala épica, corazón humano
Starfighter se situará cinco años después de El Ascenso de Skywalker, en un momento donde la galaxia aún está reconstruyéndose. Pero a diferencia de otras entregas recientes, esta no será una secuela directa ni un spin-off de personajes conocidos.
Será una historia nueva, con rostros nuevos.
El reparto es sugerente: Ryan Gosling, Matt Smith, Mia Goth, Aaron Pierre, Amy Adams. Nombres que traen consigo una densidad interpretativa. Flynn Gray, un joven actor, tendrá un papel central, reforzando esa estructura coral que Levy ya dominó: adultos y niños compartiendo protagonismo, cada uno con su propio arco.
Levy insiste en que la película tendrá «la escala y la aventura épica que esperas de Star Wars«, pero que todo estará anclado en «historias de personajes a escala humana».
Es un equilibrio delicado. Demasiado espectáculo y te quedas con una coreografía vacía. Demasiada introspección y pierdes el pulso de la aventura.
Pero cuando funciona—piensa en El Imperio Contraataca, o en Rogue One—, es cuando Star Wars se siente verdaderamente grande.
El riesgo de la escala
Es curioso que Levy mencione Stranger Things justo cuando la serie acaba de cerrar su quinta temporada entre reacciones mixtas. Algunos fans sintieron que la escala de la temporada final eclipsó los momentos íntimos que hicieron grande a la serie.
Que el espectáculo devoró la emoción.
Levy es consciente de esa crítica, y parece estar usando Starfighter como una oportunidad de demostrar que sí es posible mantener ambos platos girando.
Hay algo en esto que conecta con un debate más amplio sobre las franquicias actuales. Vivimos en una era donde el espectáculo es la norma, donde cada película debe ser «más grande» que la anterior. Pero ¿qué pasa cuando lo grande deja de impresionarnos? ¿Cuando los efectos visuales se vuelven invisibles de tan omnipresentes?
Lo que queda son los personajes. Las decisiones. Los silencios.
Recuerdo pausar Arrival en esa escena donde Louise Banks entiende finalmente el lenguaje heptápodo. No por los efectos, sino porque necesitaba procesar lo que significaba esa revelación. Eso es lo que perdura.
Una promesa, no una revolución
Starfighter llegará a los cines el 28 de mayo de 2027, convirtiéndose en la segunda película de Star Wars estrenada desde 2019. El rodaje ya finalizó en diciembre pasado, lo que significa que ahora comienza la fase de postproducción: efectos visuales, montaje, música.
Todo ese trabajo invisible que convierte imágenes en emociones.
Y mientras tanto, los fans especularán. Sobre qué papel jugará Gosling. Sobre si veremos conexiones con la trilogía Skywalker. Sobre si Levy logrará ese equilibrio que promete.
Pero quizá lo más interesante de Starfighter no sea lo que sabemos, sino lo desconocido. Porque en un universo tan explorado como Star Wars, lo desconocido es un lujo.
Al final, lo que Levy está proponiendo no es una revolución, sino una vuelta a los fundamentos. A la idea de que las grandes historias no se miden por el tamaño de sus explosiones, sino por la profundidad de sus silencios.
Que puedes tener cazas estelares y batallas espaciales, pero si no te importa quién está dentro de esas naves, nada de eso importa realmente.
Starfighter aún está lejos. Pero su promesa ya está aquí: una Star Wars que no olvida que, al final, todas las galaxias se recorren paso a paso, personaje a personaje, decisión a decisión.
Y si Levy consigue eso, habrá hecho algo más difícil que cualquier secuencia de acción: habrá hecho que volvamos a sentir esa galaxia muy, muy lejana como si fuera la primera vez.

