El mayor batacazo de Chris Pratt: Mercy es un fracaso absoluto

Mercy abre con solo 11M y se convierte en el peor estreno de Chris Pratt. Un tropiezo que confirma que las franquicias pesan más que las ideas originales.

✍🏻 Por Alex Reyna

enero 28, 2026

• Chris Pratt estrena Mercy, un thriller de ciencia ficción original, con apenas 11,2 millones de dólares en su primer fin de semana, la peor apertura de su carrera como protagonista.

• El fracaso evidencia que el poder de convocatoria de las estrellas ya no basta: el público prioriza franquicias conocidas sobre nombres famosos en proyectos originales.

• Aunque el tropiezo no hundirá la carrera de Pratt, Mercy se convierte en símbolo de un cambio profundo en cómo el cine conecta —o no— con las audiencias.


Hay algo casi poético en ver cómo una estrella de la magnitud de Chris Pratt se estrella contra la realidad más prosaica del cine contemporáneo: que ya no importa quién eres, sino qué estás vendiendo.

Mercy, su nuevo thriller de ciencia ficción sobre inteligencia artificial, acaba de abrir con 11,2 millones de dólares en Estados Unidos. Es su peor estreno como protagonista. Y no es solo un dato frío de taquilla. Es una señal.

Porque si algo nos enseñó el cine de las últimas décadas —desde Blade Runner 2049 hasta Ad Astra— es que las ideas grandes, envueltas en espectáculo visual, no siempre encuentran su público de inmediato. Pero aquí hay algo más inquietante: ni siquiera el rostro reconocible de Pratt, ni Rebecca Ferguson a su lado, lograron despertar curiosidad.

¿Qué dice eso de nosotros como espectadores? ¿Hemos dejado de confiar en lo desconocido?

El peso de las franquicias

Chris Pratt es, sin duda, una de las caras más rentables de Hollywood. Pero su éxito siempre ha estado anclado a universos preexistentes.

Guardianes de la Galaxia, Jurassic World, Super Mario Bros: todas son propiedades intelectuales con décadas de historia, fandoms consolidados, expectativas claras. Pratt no construyó su estrellato desde cero. Lo heredó.

Mercy intentaba romper esa lógica. Un thriller original, de alto concepto, con inteligencia artificial como eje temático. Suena bien sobre el papel. Pero el público no mordió el anzuelo.

Con un 20% en Rotten Tomatoes y un boca a boca negativo, la película no tuvo oportunidad de remontar. Lo que Mercy demuestra es algo que llevamos tiempo intuyendo: el star power, tal como lo conocíamos, está muerto. O al menos, agonizante.

El público ya no apuesta a ciegas

Hubo una época en la que un nombre bastaba. Tom Cruise, Will Smith, Julia Roberts: su presencia en un cartel era garantía de taquilla. Hoy, esa ecuación se ha roto.

El público es más selectivo, más escéptico. Tiene acceso inmediato a críticas, tráilers, opiniones en redes. Y sobre todo, tiene opciones infinitas en streaming.

¿Por qué arriesgar tiempo y dinero en una película desconocida cuando puedes quedarte en casa y ver algo que ya sabes que te va a gustar? Es una pregunta incómoda, pero necesaria.

Como alguien que pausó Arrival para apuntar frases, entiendo la tentación de lo seguro. Pero también sé que las mejores experiencias cinematográficas vienen del riesgo. De confiar en una idea antes que en un logo.

Mercy no es la primera víctima de esta tendencia. Passengers, también protagonizada por Pratt en 2016, abrió con 14,8 millones. Tampoco fue un éxito rotundo, pero al menos tuvo algo de tracción. Ahora, ocho años después, el panorama es aún más hostil.

¿Importa realmente el fracaso?

Aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque aunque Mercy haya fracasado en cines, Amazon MGM Studios no va a perder el sueño por ello.

La película encontrará su segunda vida en Prime Video, donde las métricas son distintas, más opacas, menos brutales. Un thriller de ciencia ficción con Pratt y Ferguson puede funcionar perfectamente en streaming, donde el compromiso es menor y la curiosidad más fácil de satisfacer.

Eso no quita que el fracaso teatral duela. Porque el cine, el de verdad, el que se ve en pantalla grande con desconocidos a tu lado, sigue siendo el termómetro cultural.

Pratt, por su parte, estará bien. Tiene The Super Mario Galaxy Movie en el horizonte para 2026. Volverá a ser una voz reconocible en un universo reconocible. Y la máquina seguirá girando.


Pero hay algo melancólico en todo esto.

Mercy, más allá de su calidad o falta de ella, representa una oportunidad perdida. Una oportunidad de apostar por algo nuevo, de confiar en una idea antes que en un logo. Y el público, colectivamente, dijo que no.

No por malicia, sino por cansancio. Por saturación. Por miedo a perder el tiempo.

Quizá el verdadero mensaje de Mercy no sea sobre Chris Pratt, ni sobre Amazon, ni siquiera sobre la taquilla. Quizá sea sobre nosotros. Sobre cómo hemos aprendido a protegernos del riesgo, incluso en algo tan inofensivo como elegir una película.

Y eso, en el fondo, dice más de nuestra sociedad que cualquier distopía de inteligencia artificial.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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