El Exorcista renace en 2027: Flanagan promete terror sin trucos

Scarlett Johansson protagoniza el nuevo El Exorcista de Mike Flanagan para 2027: mismo universo, visión radical, sin secuela directa. Terror paciente, atmósfera y respeto al original.

✍🏻 Por Tomas Velarde

enero 18, 2026

• Mike Flanagan dirigirá una nueva entrega de «El Exorcista» con Scarlett Johansson como protagonista, prevista para marzo de 2027 tras retrasos en la producción.

• Si alguien merece acercarse a este material sagrado es Flanagan: uno de los pocos cineastas actuales que entiende que el terror verdadero reside en lo que no se muestra.

• Esta propuesta se sitúa en el mismo universo que la obra maestra de Friedkin de 1973, pero no será continuación directa del fallido intento de 2023.


Hay franquicias que deberían permanecer intactas, como monumentos que se contemplan pero no se tocan. «El Exorcista» de William Friedkin es una de ellas.

Aquella película de 1973 no fue simplemente un éxito de taquilla —441 millones de dólares y diez nominaciones al Oscar—, fue un acontecimiento cultural que redefinió los límites del cine de terror. Cada plano, cada silencio, cada giro de cabeza estaba medido con precisión quirúrgica.

Por eso, cuando Universal anunció en 2021 que había adquirido los derechos para una nueva trilogía por 400 millones de dólares, el escepticismo fue inmediato y justificado.

Sin embargo, hay un nombre que cambia la ecuación: Mike Flanagan.


Universal ha confirmado oficialmente que la nueva película de «El Exorcista» llegará a los cines el 12 de marzo de 2027. El proyecto, originalmente previsto para 2026, sufrió retrasos que obligaron a posponer su estreno un año completo.

Flanagan asume la triple responsabilidad de escribir, dirigir y producir el filme para Universal y Blumhouse-Atomic Monster, en colaboración con Morgan Creek Entertainment y su propia productora, Red Room Pictures.

La elección de Scarlett Johansson como cabeza de cartel no es casual. Estamos ante una actriz con múltiples nominaciones al Oscar, capaz de transitar entre el cine comercial y propuestas más arriesgadas sin perder credibilidad. A su lado estará Jacobi Jupe, joven promesa británica que ha destacado en «Hamnet».

El reparto sugiere ambición, pero también prudencia: no se trata de un desfile de estrellas, sino de una apuesta por intérpretes con verdadero oficio.


Lo más relevante es la aproximación conceptual. Según los responsables del proyecto, esta nueva entrega será una «visión radicalmente nueva» del material original. Se situará en el mismo universo que la película de Friedkin, pero no funcionará como secuela directa de «El Exorcista: Creyentes» (2023), aquel intento fallido que recaudó 136 millones pero careció de la tensión atmosférica y la profundidad temática que hicieron grande a la original.

Flanagan llega con credenciales sólidas. Su colaboración con Blumhouse se remonta a «Oculus» (2013), un ejercicio de terror psicológico que demostraba su capacidad para construir atmósferas opresivas sin recurrir al efectismo gratuito.

Después vinieron «Hush» (2016) y «Ouija: El origen del mal» (2016), esta última especialmente reveladora: tomó una franquicia comercial insustancial y la transformó en algo respetable, con verdadera puesta en escena y personajes tridimensionales.

Pero es en su trabajo para Netflix donde Flanagan ha demostrado su verdadera estatura. Series como «La maldición de Hill House» o «Medianoche en el Poe Palace» revelan a un cineasta que ha estudiado a los maestros.

Hay ecos de Kubrick en su uso del espacio arquitectónico, de Bergman en su exploración del duelo y la culpa, incluso de Hitchcock en su dominio del suspense graduado. No es un imitador, pero sí alguien que comprende que el cine de género puede aspirar a la categoría de arte sin renunciar a su esencia.


Recuerdo la primera vez que vi «El Exorcista» en una sala de repertorio a finales de los ochenta. No fue el terror lo que me impactó, sino la maestría formal: aquella fotografía de Owen Roizman, con sus tonos verdosos y su textura casi táctil; el montaje paciente que permitía que las escenas respiraran; la confianza absoluta en que el espectador comprendería sin necesidad de subrayados.

Eso es precisamente lo que ha faltado en todos los intentos posteriores de revivir la franquicia: paciencia narrativa.

El cine de terror contemporáneo está saturado de ruido: sustos telegráficos, música estridente, montaje frenético. Todo lo contrario de lo que hizo grande a «El Exorcista», una película que entendía el valor del silencio, de la quietud, de dejar que la cámara observara sin intervenir.

Si Flanagan logra recuperar esa paciencia, esa confianza en la inteligencia del espectador, habrá justificado su existencia.


La fecha de estreno, marzo de 2027, sitúa la película fuera de la temporada de Halloween, lo que podría interpretarse como una declaración de intenciones: esto no será un producto estacional, sino una propuesta cinematográfica seria.

Friedkin estrenó su «Exorcista» en diciembre, en plena temporada navideña, y el contraste entre la festividad exterior y el horror interior amplificó su impacto.

Queda por ver si Flanagan optará por el realismo sucio y documental que caracterizó a la original o si buscará un lenguaje visual propio. Confío en que elija lo segundo. Los homenajes reverenciales suelen resultar estériles; lo que necesitamos es una mirada nueva que respete el espíritu sin copiar la forma.


Si alguien en el panorama actual del terror merece acercarse a ese material sagrado, es Flanagan. No hablo de un artesano de sustos baratos ni de un especialista en efectos digitales. Hablo de un cineasta que entiende el lenguaje, que respeta la estructura narrativa y que sabe que el verdadero horror reside en lo que no se muestra.

Su película más reciente, «The Life of Chuck» (2024), ganó el premio del público en el Festival de Toronto, demostrando su capacidad para conectar con audiencias amplias sin traicionar su visión autoral. Esa combinación de rigor formal y accesibilidad narrativa es precisamente lo que necesita «El Exorcista» en este momento.

Marzo de 2027 está lejos, pero la espera puede ser productiva si genera conversación sobre qué significa realmente hacer cine de terror con mayúsculas. No se trata de asustar, sino de perturbar. No de sobresaltar, sino de inquietar.

Flanagan lo sabe. Ahora debe demostrarlo ante el material más exigente de su carrera. El listón está donde debe estar: muy alto. Y eso, en estos tiempos de mediocridad complaciente, ya es motivo de esperanza.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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