• Solo el 53% de los adultos estadounidenses fue al cine en 2025, confirmando que la recuperación post-pandemia sigue siendo incompleta cinco años después.
• La venta de entradas alcanzó 769 millones, menos de la mitad del récord histórico de 1.600 millones en 2002, y la taquilla sigue un 20% por debajo de niveles pre-COVID.
• Los jóvenes de 18-29 años (66%) y los hispanos (59%) lideran la asistencia, mientras que los mayores de 65 apenas llegan al 39%.
Los datos de asistencia a cines en Estados Unidos para 2025 no dejan lugar a dudas: estamos ante una industria que sigue sin recuperar el terreno perdido. Cuando casi la mitad de los estadounidenses no pisa una sala en todo un año, hay que preguntarse si estamos ante un cambio estructural o simplemente una recuperación más lenta de lo esperado.
Los números vienen del Pew Research Center, y lo que revelan es una transformación profunda en los hábitos de consumo. El streaming ha cambiado las reglas del juego, los precios han subido, y el cine ha pasado de ser un hábito cultural a una experiencia ocasional. Vamos a analizar qué nos dicen realmente estas cifras.
Los números sin filtros
Solo el 53% de los adultos estadounidenses fue al cine en los últimos 12 meses. Casi la mitad del país se saltó por completo la experiencia teatral durante un año entero. Y aquí viene un dato que me sorprendió: el 7% de los encuestados admitió no haber visto nunca una película en un cine. Nunca.
Para entender la magnitud del problema, hay que mirar atrás. En 2025, Estados Unidos y Canadá vendieron aproximadamente 769,2 millones de entradas. Suena bien hasta que lo comparas con el récord histórico de 1.600 millones en 2002. Menos de la mitad.
La taquilla doméstica rozó los 9.000 millones de dólares en 2025, lo cual representa una mejora respecto a los años de pandemia, pero sigue estando un 20% por debajo de los niveles pre-COVID. Y si ajustamos por inflación, aquel pico de 2002 equivaldría hoy a 16.400 millones de dólares. Ni de lejos estamos cerca.
La recuperación existe, pero es dolorosamente lenta. Los números no mienten.
¿Quién mantiene vivo el cine?
Aquí es donde los datos se ponen interesantes, porque no todos los grupos demográficos se comportan igual.
La edad es el factor más determinante. Dos tercios de los adultos entre 18 y 29 años fueron al cine en el último año, frente a solo el 39% de los mayores de 65. Los jóvenes buscan experiencias fuera de casa, mientras que los mayores valoran la comodidad del sofá.
El dinero también importa, y mucho. El 64% de los estadounidenses con ingresos altos acudió a las salas, comparado con el 57% de la clase media y solo el 43% de los que tienen ingresos más bajos. Cuando una salida al cine para una familia puede costar fácilmente 100 dólares, muchos se lo piensan dos veces.
En cuanto a raza y etnia, los adultos hispanos lideran con un 59%, seguidos por los blancos con un 53% y los afroamericanos con un 49%. Entre hombres y mujeres prácticamente no hay diferencia: 53% y 54% respectivamente.
Y aquí viene un dato curioso: la afiliación política también juega un papel. Los demócratas mostraron un 58% de asistencia, frente al 50% de los republicanos. ¿Será que las películas de Hollywood no conectan igual con todos los públicos? Los números están ahí.
El nuevo equilibrio
Mirando estos números, es fácil caer en el pesimismo. Pero hay matices importantes que no podemos ignorar.
Primero, que el 53% de la población siga yendo al cine no es despreciable. Más de la mitad del país todavía valora la experiencia teatral, aunque sea de forma más selectiva.
Segundo, los jóvenes siguen siendo fieles a las salas. Ese 66% de asistencia entre los 18 y 29 años es una señal esperanzadora. Si la industria logra mantener ese hábito a medida que envejecen, hay futuro.
Tercero, las grandes películas siguen funcionando. Cuando hay un producto que genera expectación real, la gente acude. El desafío está en producir suficientes de esas películas y en hacer que la experiencia sea accesible para más gente.
El problema de fondo es obvio: el streaming ha cambiado las reglas. ¿Para qué salir de casa cuando puedes ver la película en tu televisor? Es un argumento difícil de rebatir, pero las salas todavía tienen cartas que jugar. La pantalla gigante, el sonido envolvente, la experiencia compartida… eso no se puede replicar en casa.
Lo que pasa es que esa experiencia única tiene que justificar el precio. Y ahí es donde muchas salas están perdiendo la batalla. Cuando una entrada cuesta 15 o 20 dólares, la gente se vuelve mucho más selectiva. Ya no vas al cine «porque sí». Vas solo para los grandes eventos cinematográficos.
Los números de 2025 nos cuentan la historia de una industria en transición. No es el apocalipsis del cine, pero tampoco es el triunfal regreso que muchos esperaban tras la pandemia.
La realidad está en un punto intermedio: un mercado más pequeño, más selectivo, donde solo los contenidos realmente especiales logran sacar a la gente de sus casas. Quizá nunca volvamos a los 1.600 millones de entradas de 2002, y probablemente no debamos. El mundo ha cambiado, las opciones se han multiplicado.
Como analista de taquilla, he aprendido que las cifras siempre acaban encontrando su equilibrio. Mientras haya películas que merezcan ser vistas en comunidad, el cine seguirá vivo. Más pequeño, más exclusivo, pero vivo. Y eso también es una historia que vale la pena contar.

