• Spielberg completa el EGOT con un Grammy por el documental sobre John Williams, entrando en un club de menos de veinte personas en la historia del entretenimiento
• Hay algo hermoso en que alcance este hito celebrando a otro artista: es un recordatorio de que el cine siempre ha sido simbiosis, no genio solitario
• El reconocimiento llega por hacer visible lo invisible, por poner el foco en la música que siempre estuvo ahí, latiendo bajo cada fotograma
Hay algo profundamente poético en que Steven Spielberg complete su EGOT no con una película propia, sino documentando el trabajo de John Williams.
El hombre que nos hizo creer que un tiburón podía aterrorizarnos con dos notas alcanza uno de los honores más exclusivos del entretenimiento celebrando a quien puso música a nuestros sueños.
Es un recordatorio de que el cine, en su esencia más pura, siempre ha sido conversación.
El Grammy que cerró el círculo
El 1 de febrero, en la 68ª edición de los Grammy, Spielberg recibió su primer gramófono dorado por «Music by John Williams». Con él, entró en un club tan selecto que cabe en una mesa: el de quienes han conquistado un Emmy, un Grammy, un Oscar y un Tony de forma competitiva.
Menos de dos docenas de personas en toda la historia.
El documental recorre 70 años de un compositor que prácticamente definió cómo suena el cine moderno. Spielberg aparece como productor junto a Laurent Bouzereau y un equipo que incluye a Ron Howard, Brian Grazer y Kathleen Kennedy.
Lo curioso: un hombre con tres Oscar, once Emmy y un Tony nunca había sido nominado a un Grammy hasta ahora. Quizá porque su lenguaje siempre fue visual, narrativo. La música era el alma invisible, el latido que no se ve pero se siente.
Y ahí está la ironía hermosa: completa su colección cuando decide hacer visible lo invisible, cuando dice «mirad, escuchad, esto también es cine».
La simbiosis como sistema
Me recuerda a algo que pensé viendo Her: los sistemas complejos funcionan por interdependencia, no por individualidad.
Spielberg y Williams son eso. Un sistema simbiótico donde uno no existe sin el otro. ¿Qué sería de E.T. sin esas cuerdas que te rompen el corazón? ¿Qué sería de La lista de Schindler sin ese violín que llora la memoria?
En una industria obsesionada con el genio individual, Spielberg celebra la colaboración. Y lo hace en el momento exacto en que alcanza un reconocimiento que, paradójicamente, se otorga a individuos.
El EGOT —Emmy, Grammy, Oscar, Tony— representa las cuatro esquinas del entretenimiento estadounidense. Entre quienes lo han conseguido están Mel Brooks, Audrey Hepburn, Whoopi Goldberg, Elton John. Nombres que trascienden géneros, que nunca se quedaron cómodos en un solo formato.
Pero sospecho que Spielberg no buscaba este reconocimiento. Simplemente ocurrió mientras hacía lo que siempre ha hecho: explorar, contar historias, colaborar.
Su Tony llegó en 2022 por producir «A Strange Loop», un musical sobre identidad y marginalidad. Sus Emmy por documentales y series. El EGOT, en su caso, no parece el objetivo. Es el subproducto de una curiosidad insaciable.
Más allá del coleccionismo
Spielberg tiene ahora once Emmy, un Grammy, tres Oscar y un Tony. Números que impresionan, sí. Pero que también pueden distraernos de lo esencial.
Lo que importa no es la colección, sino qué representa cada premio.
Cada uno marca un momento en que se atrevió a salir de su zona de confort. El Tony por apoyar voces nuevas. Los Emmy por explorar formatos documentales. El Grammy por honrar a un colaborador de toda la vida.
Y los Oscar llegaron cuando dejó de hacer solo películas de aventuras y se atrevió con La lista de Schindler, cuando decidió que el entretenimiento también podía —debía— mirar al horror de frente.
Pienso en Arrival y en cómo esa película nos enseñó que el lenguaje cambia la percepción del tiempo. El EGOT de Spielberg funciona de forma similar: no es un punto final, sino una constelación que conecta décadas de trabajo, de riesgos, de apuestas por contar historias que importan.
No es el destino. Es el mapa de un viaje.
El futuro sigue siendo la pregunta
Su próxima película, Disclosure Day, llegará a los cines el 12 de junio de 2026.
No sabemos aún de qué trata, pero apostaría a que no será un ejercicio de nostalgia. Spielberg nunca mira atrás demasiado tiempo. Tiene esa rara habilidad de honrar el pasado —como hizo con Williams— mientras sigue construyendo futuro.
Y eso, más que cualquier premio, es lo que define a los grandes.
No las estatuillas que acumulan, sino las preguntas que siguen haciéndose. No el reconocimiento que reciben, sino el reconocimiento que dan a otros. No el genio solitario, sino la red de colaboraciones que tejen a lo largo de décadas.
Spielberg completa su EGOT celebrando a otro artista. Y en ese gesto hay más sabiduría sobre qué significa crear que en cualquier discurso de aceptación.
El cine es conversación. Siempre lo ha sido.

