• Ed Skrein interpretará a Baldur en la serie de God of War de Prime Video, un personaje maldito que no puede sentir nada físicamente y que representa la paradoja de estar vivo sin poder experimentar la vida.
• La elección de Skrein es acertada por su capacidad demostrada para combinar carisma y amenaza, algo esencial para un villano tan complejo y emocionalmente fracturado como Baldur.
• La adaptación expandirá la línea temporal del juego, introduciendo antes a Thor y Odín, lo que permitirá explorar las dinámicas familiares con mayor profundidad.
Hay algo fascinante en los villanos que no luchan por poder o venganza, sino por sentir. Por recuperar algo que les fue arrebatado.
Baldur, el antagonista de God of War, es uno de esos personajes que trascienden la etiqueta de «malo» para convertirse en algo más inquietante: un espejo roto de lo que significa estar vivo.
Maldito desde niño, despojado de toda sensación física y emocional, su existencia es un vacío que solo la violencia parece llenar momentáneamente. Es el tipo de personaje que me recuerda por qué la fantasía funciona mejor cuando explora qué nos hace humanos, incluso cuando sus protagonistas son dioses.
Prime Video ha confirmado que Ed Skrein dará vida a este hijo de Odín en la adaptación en imagen real de God of War. Y la elección no podría ser más interesante.
Skrein tiene ese don extraño de parecer peligroso y magnético al mismo tiempo, algo que vimos en Deadpool y que aquí será fundamental. Porque Baldur no es solo fuerza bruta: es carisma retorcido, desesperación disfrazada de arrogancia, y una búsqueda obsesiva de un oponente que finalmente le haga sentir algo. Cualquier cosa.
Un villano nacido de la protección
La historia de Baldur es, en esencia, una tragedia griega vestida con mitología nórdica.
Hijo menor de Odín y Freya, fue maldecido de niño precisamente por el amor de su madre. Freya, intentando protegerlo, le arrebató la capacidad de sentir placer o dolor físico. Una bendición que se convirtió en la peor de las condenas.
Imagina no poder sentir el calor del sol, el frío del invierno, el tacto de otra persona. Ni siquiera el dolor que te recuerda que estás vivo.
Esa ausencia se transformó en Baldur en una rabia insaciable, en sed de sangre, en una necesidad desesperada de encontrar algo, lo que sea, que rompa ese vacío.
Es el tipo de maldición que funciona como metáfora perfecta de la disociación emocional, de esa sensación moderna de estar desconectado del mundo. Me recuerda a Theodore en Her, atrapado en una existencia donde las conexiones reales se han vuelto imposibles.
Baldur no puede sentir, así que destruye. Busca en la violencia lo que perdió en la infancia. Y eso lo convierte en algo más peligroso que cualquier dios sediento de poder: es alguien que no tiene nada que perder porque ya lo perdió todo.
Por qué Skrein encaja perfectamente
Ed Skrein no es un desconocido en papeles de villano. Su Ajax en Deadpool era precisamente eso: un antagonista que combinaba amenaza física con un carisma perturbador.
Baldur necesita exactamente eso. No es un villano unidimensional.
Tiene ese filo afilado en la lengua, esa capacidad de ser impredecible, de pasar de la burla al ataque en un segundo. Vive según sus propias reglas porque las reglas de los demás dejaron de importarle cuando dejó de sentir.
Pero más allá de lo físico, Skrein tiene la capacidad de transmitir profundidad emocional. Y Baldur la necesita.
Su relación con Freya es el corazón roto de su historia: el amor materno que se convirtió en prisión, la protección que se volvió tortura. Esa dinámica familiar fracturada es lo que eleva al personaje por encima del típico antagonista musculoso.
Expandiendo el universo
Lo interesante de esta adaptación es que Prime Video está jugando con la línea temporal.
En los juegos, Baldur aparece como antagonista principal en God of War (2018), pero la serie introducirá antes a personajes como Thor y Odín. Esto abre posibilidades narrativas fascinantes.
Podríamos ver cómo era Baldur antes de convertirse en el arma de su padre. Explorar su relación con Freya cuando aún había esperanza. Entender cómo Odín moldeó a su hijo menor en una herramienta de destrucción.
Esas capas de contexto familiar pueden funcionar como contrapunto perfecto a la relación entre Kratos y Atreus, que es el núcleo emocional de la saga.
Porque al final, God of War no trata solo de dioses que se matan entre sí. Trata de padres e hijos, de legados rotos, de intentar ser mejor de lo que fuimos.
Baldur representa el fracaso de esa aspiración: un hijo destruido por las decisiones de sus padres, incapaz de romper el ciclo. Es el reverso oscuro de lo que Kratos intenta evitar con Atreus.
Violencia como lenguaje
En los juegos, Baldur lucha con los puños. Nada de armas elaboradas o magia compleja. Solo impacto bruto, fuerza pura, cuerpo contra cuerpo.
Es una elección de diseño brillante porque refleja su personaje: alguien que busca desesperadamente sentir algo a través del contacto físico más violento posible.
Cada golpe que da, cada golpe que recibe, es un intento de atravesar esa barrera invisible que lo separa del mundo.
Y como no puede sentir dolor, lucha sin miedo, sin límites, sin autopreservación. Es un oponente aterrador precisamente porque no tiene el instinto básico de supervivencia que nos frena al resto.
Skrein tendrá que transmitir esa mezcla de ferocidad y vacío. No es solo pelear bien: es pelear como alguien que busca algo más que la victoria. Busca la sensación. Busca sentirse vivo, aunque sea por un segundo.
Hay algo profundamente humano en un dios que no puede sentir.
Baldur es la paradoja perfecta: inmortal pero muerto por dentro, poderoso pero vacío, libre pero prisionero de su propia piel.
Ed Skrein tiene la oportunidad de dar vida a uno de los antagonistas más complejos de los videojuegos recientes, un personaje que funciona como espejo oscuro de Kratos y como recordatorio de que a veces el amor, mal entendido, puede ser la peor de las maldiciones.
Me quedo pensando en esa búsqueda desesperada de Baldur por un oponente que lo haga sentir algo. Es una metáfora potente de nuestra propia época: cuántos de nosotros buscamos estímulos cada vez más intensos para atravesar esa capa de desconexión que la vida moderna nos impone.
Baldur es extremo, sí, pero su vacío es reconocible.
Y eso es lo que hace que un buen villano trascienda la pantalla: que veamos en él algo de nosotros mismos, aunque sea en su versión más oscura y distorsionada. Como los replicantes de Blade Runner buscando más vida, Baldur busca simplemente sentir que está vivo. La diferencia es que su búsqueda solo puede terminar en destrucción.

