• Disney+ prepara un reboot de Power Rangers con Peyton Elizabeth Lee como Ranger Roja, Joel Oulette como Azul y Momona Tamada como Rosa.
• Lee será la tercera Ranger Roja femenina de la franquicia, cuestionando quién puede ocupar el centro de una narrativa heroica.
• El proyecto avanza sin fecha de estreno, pero con una pregunta de fondo: ¿qué tipo de mitología necesitamos en 2025?
Hay algo fascinante en cómo ciertas franquicias funcionan como espejos culturales. Power Rangers nunca fue arte elevado. Era tokusatsu reciclado, marketing descarado, trajes de colores y robots gigantes. Pero también era otra cosa: un código compartido sobre pertenencia, sobre encontrar tu lugar en un equipo donde cada color importa.
Ahora Disney+ quiere resucitar esa mitología. Y lo hace con una decisión que dice más de lo que parece.
Porque elegir a una mujer como Ranger Roja no es solo diversidad. Es reescribir quién puede ser el centro. Quién lidera. Quién toma decisiones. En una franquicia tan codificada, eso no es cosmético. Es estructural.
El equipo que Disney está construyendo
Tres Rangers ya tienen rostro. Peyton Elizabeth Lee (Andi Mack, Doogie Kamealoha) será la Ranger Roja. Joel Oulette (Avatar: The Last Airbender, Descendants) interpretará al Azul. Momona Tamada (Avatar) encarnará a la Rosa.
Los tres vienen del ecosistema Disney. Eso no es casualidad.
Disney no apuesta por desconocidos cuando quiere lanzar algo con potencial transmedia. Busca caras reconocibles, actores con base de fans, gente que entiende el lenguaje del entretenimiento familiar.
Pero hay algo más interesante aquí.
Si se confirma, Lee será la tercera Ranger Roja femenina en la historia de la franquicia, después de Lauren en Samurai y Amelia en Cosmic Fury. Y eso importa porque el Rojo siempre ha sido el líder. El arquetipo central. Cambiar eso es preguntarse: ¿quién puede ocupar el centro de una narrativa heroica?
Es la misma pregunta que se hizo Star Trek en los sesenta al poner a una mujer negra en el puente de mando. O que se hace Dune al explorar quién tiene derecho al poder. Las mejores historias de ciencia ficción no son sobre el futuro. Son sobre qué creemos posible ahora.
Lo que aún falta (y por qué importa)
Los Rangers Negro y Amarillo todavía no tienen intérprete. Rita Repulsa, probablemente, será la villana. Prescindir de ella sería como hacer Star Wars sin el Imperio: técnicamente posible, narrativamente arriesgado.
Tampoco hay fecha de estreno.
Y eso dice algo. Disney no tiene prisa. Prefiere construir bien antes que rápido. En un momento de saturación de contenido, esa pausa puede ser una ventaja.
Porque Power Rangers no es solo nostalgia. Es una oportunidad para hablar de identidad, de pertenencia, de cómo un grupo dispar se convierte en algo más grande que la suma de sus partes.
Eso es lo que siempre ha hecho bien la ciencia ficción: usar el espectáculo para hablar de lo humano. Los Power Rangers no son solo adolescentes con superpoderes. Son outsiders que encuentran su lugar. Personas normales que descubren que pueden ser extraordinarias.
En un mundo fragmentado, esa idea sigue siendo poderosa.
La pregunta de fondo
¿Qué tipo de Power Rangers necesitamos en 2025?
¿Más de lo mismo con mejor CGI? ¿O algo que entienda por qué funcionó en primer lugar?
Power Rangers nunca fue sofisticado. Era camp, exagerado, ridículo a veces. Pero también era sincero. No intentaba ser otra cosa. Y esa honestidad es lo que lo hacía funcionar.
Si Disney pule demasiado esa esencia, corre el riesgo de perder lo que hacía especial al original.
Pero si logra mantener ese espíritu —esa mezcla de espectáculo, corazón y un poquito de absurdo— mientras actualiza la narrativa para una audiencia que ya no se conforma con arquetipos planos, entonces puede que tengamos algo interesante.
Porque al final, los Power Rangers nunca fueron sobre los trajes o los robots.
Eran sobre encontrar tu lugar en el equipo. Sobre descubrir que tu color importa.
Hay algo reconfortante en saber que Power Rangers sigue vivo. Que una franquicia nacida en los noventa, hija del tokusatsu japonés y el marketing estadounidense, todavía tiene algo que decir.
Que todavía puede reinventarse sin perder su esencia.
Porque las mejores mitologías no son las que permanecen inmutables. Son las que evolucionan con nosotros. Las que nos permiten vernos reflejados de formas nuevas. Las que nos recuerdan que los símbolos pueden cambiar de significado sin perder su poder.
Si este reboot entiende eso —si logra capturar esa sensación de pertenencia que hizo que millones de niños quisieran ser Rangers—, entonces no importará si el CGI es perfecto o si la trama es predecible.
Importará que, una vez más, nos recuerde que juntos somos más fuertes. Que cada uno tiene su lugar. Y que a veces, solo a veces, el mundo necesita un equipo de adolescentes con trajes de colores para salvarlo.
Porque si algo nos ha enseñado la ciencia ficción, es que las metáforas más simples suelen ser las más poderosas.

