Super Mario recaudará mil millones (a pesar del destrozo de la crítica)

Super Mario Galaxy Movie obtiene un 44% en Rotten Tomatoes, quince puntos por debajo de la primera entrega. Los críticos celebran el espectáculo visual pero lamentan la falta de sustancia narrativa.

✍🏻 Por Alex Reyna

abril 2, 2026

• La secuela de Super Mario Bros. Movie se estrella en crítica con un 44% en Rotten Tomatoes, muy por debajo del 59% de la primera entrega.

• Los críticos están divididos entre quienes celebran el espectáculo visual y quienes lamentan la ausencia total de sustancia narrativa.

• Pese al rechazo crítico, la película promete arrasar en taquilla, demostrando que el éxito comercial y la calidad artística habitan universos paralelos.


Hay algo fascinante en cómo ciertas franquicias se convierten en máquinas perfectamente engrasadas de generar dinero, inmunes a cualquier crítica, como si operasen bajo leyes físicas distintas al resto del cine.

Super Mario es una de ellas. No necesita gustar a los críticos. Ni siquiera necesita contar una historia coherente. Solo necesita existir, brillar en pantalla y activar ese interruptor nostálgico que todos llevamos dentro.

Pero cuando una secuela cae quince puntos en Rotten Tomatoes respecto a su predecesora —que ya no era precisamente una obra maestra—, algo merece la pena analizar.

No desde el morbo, sino desde la curiosidad: ¿qué dice de nosotros que sigamos llenando salas para ver películas que ni siquiera pretenden decirnos nada?


El descenso crítico: de tibio a gélido

La primera película de Super Mario Bros. consiguió un 59% en Rotten Tomatoes. No era para tirar cohetes, pero al menos rozaba el aprobado.

Esta secuela, titulada Super Mario Galaxy Movie, se ha desplomado hasta un 44% basándose en 84 reseñas.

Lo más revelador no es el número en sí, sino el consenso que emerge: espectáculo visual impecable, pero vacío narrativo absoluto. Es como contemplar fuegos artificiales durante dos horas. Bonito, sí. Memorable, no tanto.

Medios como The Independent, IndieWire y Slant Magazine han sido especialmente duros, describiendo la película como «un ejercicio de generación de ingresos sin alma» y «predecible hasta el aburrimiento».

/Film lo resumió con una frase que me quedó dando vueltas: «No necesitaba ser profunda, pero tampoco tenía que ser tan superficial».

Cuando el CGI no basta para construir un mundo

Aquí está el quid de la cuestión.

Vivimos en una era donde la tecnología permite crear cualquier cosa que imaginemos. Mundos imposibles, criaturas fantásticas, secuencias de acción que desafían la física.

Pero la tecnología, por sí sola, no construye universos que importen.

Recuerdo pausar Blade Runner 2049 para absorber no solo la imagen, sino la pregunta que contenía cada plano. Cada escena sostenida por reflexiones sobre memoria, identidad y qué significa ser humano.

O Dune, donde cada composición visual está al servicio de una mitología compleja y una reflexión sobre poder y destino.

Super Mario Galaxy Movie, según los críticos, ofrece mundos vívidos y acción espectacular, pero sin nada debajo. Sin preguntas. Sin tensión real. Sin personajes que evolucionen o nos hagan sentir algo más allá del reconocimiento superficial.

Me pregunto si hemos confundido eficiencia con arte.

La paradoja del éxito garantizado

Y aquí llegamos a lo verdaderamente interesante.

A pesar de todo lo anterior, la película arrasará en taquilla. Lo sabemos. Los estudios lo saben. Los críticos lo saben.

RogerEbert.com lo expresó con resignación casi poética: «Es mona, ligera, estúpidamente simple, y probablemente recaudará mil millones otra vez. Así es el mundo en el que vivimos».

Esta frase me persigue porque resume una verdad incómoda sobre el cine actual.

Hemos creado un ecosistema donde ciertas propiedades intelectuales funcionan como religiones seculares. No se cuestionan. Se consumen. Y el consumo se convierte en su propia justificación.

No estoy diciendo que sea malo disfrutar de espectáculos visuales sin pretensiones. Todos necesitamos desconectar.

Pero cuando el mercado premia sistemáticamente el mínimo esfuerzo narrativo, ¿qué incentivo queda para arriesgar, para intentar decir algo?

Entre el fan service y la narrativa

Chris Pratt regresa como Mario, acompañado de Charlie Day como Luigi. Las incorporaciones incluyen a Brie Larson como Rosalina, Donald Glover poniendo voz a Yoshi, y Benny Safdie como Bowser Jr.

Sobre el papel, un reparto sólido. Pero varios críticos señalan que ni el mejor actor puede salvar personajes sin arco narrativo.

Algunos críticos sí encontraron valor en la película. Destacan la fidelidad al material original, los guiños constantes a los videojuegos, la energía visual. Para cierto público, eso es suficiente. Y es legítimo.

Pero hay una diferencia entre fan service inteligente —como el que vimos en Spider-Man: Into the Spider-Verse, que honraba el material fuente mientras contaba una historia emocionalmente resonante— y el fan service como sustituto de la narrativa.

Cuando el reconocimiento se convierte en el único objetivo, dejamos de crear historias y empezamos a fabricar catálogos interactivos. Bonitos de ver, vacíos de sentir.


Quizá el verdadero problema no sea Super Mario Galaxy Movie en sí, sino lo que representa: un modelo de cine donde el riesgo narrativo se considera innecesario, donde basta con activar los centros de placer asociados al reconocimiento y la nostalgia.

Es eficiente. Es rentable.

Pero el cine, en su mejor versión, no solo nos entretiene. Nos hace pensar, sentir, cuestionar. Nos muestra quiénes somos reflejados en pantallas que proyectan mundos imposibles.

Y cuando renunciamos a esa ambición, tal vez estemos renunciando a algo más grande de lo que creemos.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

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