• Universal borra La Tumba del Emperador Dragón del canon trayendo de vuelta a Rachel Weisz junto a Brendan Fraser para La Momia 4.
• Esta decisión me fascina porque es básicamente ciencia ficción aplicada: estamos colapsando líneas temporales narrativas, eligiendo qué versión de la realidad merece existir.
• Los directores de Scream y Ready or Not están al mando, lo que sugiere que entienden cómo respetar un legado sin quedar atrapados en él.
Hay algo profundamente sci-fi en cómo las franquicias cinematográficas tratan su propia continuidad. Como si fueran universos cuánticos donde ciertas líneas temporales simplemente colapsan cuando no funcionan.
Lo hemos visto en Halloween, en Terminator, incluso en Star Wars cuando Disney borró décadas de Expanded Universe de un plumazo. Pero cada vez que sucede, nos dice algo fascinante sobre cómo construimos narrativas colectivas, sobre nuestra necesidad de coherencia frente al caos de la realidad.
La Momia está a punto de hacer exactamente eso. Y la forma en que lo están ejecutando —sin aspavientos, sin explicaciones elaboradas, simplemente trayendo de vuelta a Rachel Weisz— es casi elegante en su simplicidad.
Es como si dijeran: «Sabemos que todos queremos olvidar lo que pasó. Así que reescribamos juntos esta historia.»
El regreso que redefine qué es real
Universal Pictures ha confirmado que La Momia 4 está en desarrollo, con Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett dirigiendo. Son el dúo detrás de Ready or Not y las recientes entregas de Scream. Gente que entiende cómo honrar un legado sin quedar atrapada en él.
Lo verdaderamente significativo es el regreso de Brendan Fraser y Rachel Weisz como Rick y Evelyn O’Connell. Juntos. De nuevo.
Y ahí está la clave de todo.
Porque Rachel Weisz no estuvo en La Momia: La Tumba del Emperador Dragón de 2008. Fue reemplazada por Maria Bello, y aunque Bello es una actriz competente, algo fundamental se perdió. No era solo un cambio de rostro. Era la química, la dinámica, el corazón de lo que hacía funcionar a las dos primeras películas.
Aquella tercera entrega trasladó la acción de Egipto a China, cambió el tono, cambió la energía. El resultado fue un fracaso crítico rotundo: 13% en Rotten Tomatoes y la recaudación más baja de la trilogía. No conectó. No resonó.
Cuando el silencio reescribe la historia
Entertainment Weekly preguntó directamente a los directores si La Tumba del Emperador Dragón seguiría siendo canon.
La respuesta de Bettinelli-Olpin fue perfecta en su ambigüedad calculada: «Bueno, Rachel [Weisz] está en esta». Gillett añadió: «Eso debería responder tu pregunta».
No hace falta más.
Es una forma de decir «esa película no sucedió» sin tener que decirlo explícitamente. Me recuerda a cómo Blade Runner 2049 trató el material previo: con respeto, pero también con la libertad de redefinir lo que importa emocionalmente.
Denis Villeneuve no intentó explicar cada contradicción del universo expandido. Simplemente construyó sobre lo que funcionaba a nivel emocional.
Aquí están haciendo lo mismo. No van a perder tiempo justificando por qué Evelyn tiene otra vez la cara de Rachel Weisz. Simplemente va a ser así, y todos vamos a aceptarlo porque, en el fondo, es lo que queríamos desde el principio.
Es como cuando pausé Arrival para anotar esa idea sobre cómo el lenguaje cambia la percepción del tiempo. Universal está haciendo algo similar: cambiando el lenguaje de su propia franquicia, reescribiendo qué eventos «ocurrieron» realmente en este universo narrativo.
La paradoja de Alex O’Connell
Esto plantea preguntas interesantes. En El Regreso de la Momia (2001), Rick y Evelyn tenían un hijo, Alex, interpretado de niño por Freddie Boath. En La Tumba del Emperador Dragón, Alex ya era adulto (Luke Ford) y protagonizaba gran parte de la trama.
Si esa película ya no cuenta, ¿qué pasa con Alex? ¿Seguirá existiendo? ¿Será adulto? ¿Tendrá una edad diferente?
Son preguntas logísticas, sí, pero también narrativas. Porque Alex representaba la continuidad generacional, el paso del tiempo, la idea de que estas aventuras tienen consecuencias duraderas. Borrar su versión adulta no es solo un ajuste técnico. Es redefinir qué tipo de historia quiere contar esta franquicia.
Quizá La Momia 4 opte por mantenerlo joven. O quizá lo reinterprete completamente. O tal vez decida que el tiempo ha pasado de forma diferente, que Rick y Evelyn han vivido otras aventuras que nunca vimos.
Volver a lo que funcionaba
Hay algo reconfortante en que una franquicia admita sus errores. No con palabras, sino con acciones.
La Momia original de 1999 funcionaba porque era divertida, romántica, aventurera. Tenía el espíritu de las películas clásicas de aventuras pero con efectos modernos y un sentido del humor autocrítico.
El Regreso de la Momia amplificó todo eso. Más acción, más espectáculo, pero manteniendo el corazón: la relación entre Rick y Evelyn, su química, su complicidad.
La Tumba del Emperador Dragón intentó ser algo diferente y perdió esa esencia. No era necesariamente una mala película de acción, pero no era una película de La Momia. No tenía alma.
Traer de vuelta a Fraser y Weisz es reconocer que el alma de esta saga siempre fueron ellos. Su relación. Su energía. La forma en que se complementaban: él, el aventurero pragmático; ella, la erudita valiente.
Juntos eran magia.
Y eso es lo que Bettinelli-Olpin y Gillett parecen entender. No están intentando reinventar la rueda. Están volviendo a lo que funcionaba y construyendo desde ahí.
El estreno está programado para el 19 de mayo de 2028. Aún queda tiempo, pero la dirección es clara.
La Momia 4 no va a ser una secuela de La Tumba del Emperador Dragón. Va a ser una continuación de El Regreso de la Momia, como si los últimos veinte años hubieran sido solo un parpadeo en el tiempo de los O’Connell.
Y quizá eso es exactamente lo que necesitamos: no más intentos de forzar algo que no funciona, sino el coraje de volver atrás, reconocer qué hizo especial a estas películas, y darle a esa magia una segunda oportunidad.
Porque al final, las mejores historias no son las que nunca se equivocan, sino las que saben cuándo corregir el rumbo. Como en cualquier buena narrativa de ciencia ficción, a veces hay que viajar al pasado para arreglar el futuro.

