Jenna Ortega, Gremlins 3 y la rebelión contra el terror digital

Analizamos el regreso de Gremlins con marionetas físicas, tono oscuro y el posible fichaje de Jenna Ortega.

✍🏻 Por Tomas Velarde

febrero 8, 2026

• Warner Bros. desarrolla Gremlins 3 con Chris Columbus y un guion terminado que promete ser oscuro y perturbador, respetando la estética artesanal mediante marionetas físicas.

• Jenna Ortega ha expresado públicamente su deseo de participar en el proyecto, consolidando su presencia en el cine de terror y fantasía.

• El compromiso con los efectos prácticos frente al CGI representa una decisión de lenguaje cinematográfico, no un capricho nostálgico.


Han pasado treinta y cinco años desde que los pequeños monstruos verdes sembraron el caos en nuestras pantallas. Tres décadas y media en las que el cine de terror ha mutado, se ha digitalizado, se ha vaciado en muchos casos de sustancia.

Y sin embargo, ahí permanece Gremlins, esa pequeña joya de Joe Dante que supo equilibrar el horror genuino con la sátira mordaz, la ternura con la violencia desatada. Una película que entendía que el terror no necesita presupuestos desorbitados ni efectos generados por ordenador para resultar efectivo. Necesita imaginación, artesanía y, sobre todo, respeto por el espectador.

Ahora, cuando Hollywood parece empeñado en exhumar cada propiedad intelectual de los ochenta para convertirla en contenido insípido y sobreproducido, surge una noticia que, contra todo pronóstico, despierta algo parecido a la esperanza. Warner Bros. trabaja en una tercera entrega con Chris Columbus —guionista del film original— al timón, y lo hace con una premisa que cualquier cinéfilo con dos dedos de frente debería aplaudir: marionetas físicas, nada de CGI.

El regreso de una franquicia dormida

La ausencia de Gremlins en las salas de cine desde 1990 no ha sido casual. Gremlins 2: The New Batch, dirigida nuevamente por Dante, llevó la premisa original hasta territorios de parodia autoconsciente que, si bien resultaban estimulantes para algunos, alejaron a la franquicia del equilibrio tonal que había hecho brillar a la primera entrega.

Columbus ha confirmado que existe un guion completo, obra del guionista Carl Ellsworth, y que su visión para esta tercera parte es clara: una continuación directa, no un reinicio. Una historia que transcurre treinta años después de los acontecimientos originales y que, según sus propias palabras, resulta «retorcida y oscura».

Ellsworth ha sido explícito al respecto: los Gremlins son «pequeños asesinos de sangre fría», «criaturas psicóticas». Esta es, ante todo, una película de terror.

Jenna Ortega y la nueva generación

Durante la alfombra roja del festival SXSW, donde presentaba Death of a Unicorn, Jenna Ortega lanzó su candidatura de forma espontánea: «¿Sabéis qué me encantaba de niña? Gremlins. Me encantaría… ¿Gremlins 3? ¿4? Llamadme».

La declaración no es gratuita. Ortega ha demostrado en Scream, Beetlejuice Beetlejuice y la serie Wednesday que comprende los códigos del género, que respeta su historia y que posee la presencia necesaria para sostener una película de estas características.

Su incorporación tendría sentido narrativo. Si el guion de Ellsworth funciona como una historia de «paso de testigo» —tal como él mismo la ha descrito—, necesita sangre nueva que dialogue con los personajes originales.

Se espera el regreso de Zach Galligan como Billy Peltzer y Phoebe Cates en su papel de novia, aunque los detalles concretos sobre su participación permanecen en el aire. Lo que sí está confirmado es que Gizmo ocupará un lugar central en la trama, explorando más a fondo la mitología y los orígenes de estas criaturas.

Artesanía frente al vacío digital

Lo verdaderamente relevante de este proyecto —lo que lo separa de tantos intentos fallidos de revivir franquicias clásicas— es el compromiso declarado de Columbus con los efectos prácticos. «Lo haría de la misma manera: marionetas tangibles, no CGI», ha afirmado.

Esta decisión no es nostálgica ni caprichosa. Es una cuestión de lenguaje cinematográfico.

Los Gremlins originales funcionaban porque eran reales. Ocupaban espacio físico en el encuadre, interactuaban con los actores, proyectaban sombras auténticas. Dante y su equipo entendían que el horror necesita materialidad, peso, presencia.

Pensemos en las mejores secuencias de la película original: el microondas, la licuadora, la sala de cine. Funcionan porque los efectos especiales de Chris Walas dotaban a aquellas criaturas de una personalidad grotesca y creíble. Cada Gremlin era único, con sus propias expresiones y movimientos.

Eso es dirección de arte, eso es cine.

Los obstáculos del presente

Por supuesto, no todo son buenas noticias. Columbus ha admitido que el proyecto enfrenta «problemas de derechos» que complican su desarrollo. Estos asuntos legales —tan habituales en Hollywood, tan ajenos al arte— determinan ahora cuándo podrá rodarse la película.

Mientras tanto, la franquicia mantiene cierta presencia a través de Gremlins: The Wild Batch, una serie animada de precuela en Max cuya segunda temporada se estrena el 10 de abril de 2025, aunque carece de la mordacidad del film original.


Las declaraciones de Columbus y el enfoque artesanal que propone sugieren que al menos existe conciencia de lo que hizo especial a la película original. No se trata solo de recuperar una marca reconocible, sino de continuar una historia con coherencia narrativa y respeto por el oficio.

La incorporación de Jenna Ortega, de materializarse, podría aportar ese puente generacional necesario sin traicionar el espíritu del original. Pero lo verdaderamente decisivo será si Columbus y su equipo logran mantener ese equilibrio imposible entre el horror genuino y el humor negro que definió a Gremlins.

Treinta y cinco años después, el listón sigue estando muy alto. Y eso, en estos tiempos de mediocridad industrial, ya es motivo suficiente para prestar atención.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

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