Scooby-Doo vuelve con Netflix… y Matthew Lillard explica por qué es urgente

En plena era de bulos y conspiranoias, Scooby-Doo regresa para algo más que nostalgia: enseñar a pensar, colaborar y desactivar el miedo con lógica.

✍🏻 Por Alex Reyna

febrero 3, 2026

• Matthew Lillard respalda el nuevo reboot de Scooby-Doo de Netflix, defendiendo que la franquicia debe regresar porque cumple una función cultural que hemos echado en falta.

• En un momento donde el pensamiento crítico parece un superpoder en extinción, recuperar una serie que enseñaba a desmontar miedos con razón y colaboración no es nostalgia: es necesidad.

• La nueva versión será una historia de origen ambientada en un campamento de verano, con Josh Appelbaum y Scott Rosenberg como showrunners y Greg Berlanti produciendo.


Hay franquicias que funcionan como portales temporales. No hacia otros mundos, sino hacia versiones anteriores de nosotros mismos. Scooby-Doo es una de ellas.

Y cuando alguien que encarnó a uno de sus personajes más icónicos habla sobre su regreso, merece la pena detenerse a escuchar.

Matthew Lillard, quien dio vida a Shaggy en las películas de acción real de principios de los 2000, ha compartido recientemente sus pensamientos sobre el nuevo proyecto que Netflix tiene entre manos: un reboot en imagen real de la pandilla del misterio.

Lo interesante no es solo que Lillard esté contento con la noticia. Es por qué lo está.

Porque en sus palabras hay algo más profundo que nostalgia o apego profesional. Hay una reflexión sobre qué significa Scooby-Doo como artefacto cultural, como herramienta narrativa, como espacio donde generaciones enteras aprendieron algo fundamental sobre cómo funcionan las historias.

El regreso necesario

Durante una entrevista con Entertainment Weekly mientras promocionaba Scream 7, Lillard fue directo. Para él, la ausencia de Scooby-Doo en formato animado durante años ha sido un error. «Creo que el programa necesita volver», afirmó.

Y tiene razón en algo crucial: Scooby-Doo nunca fue solo entretenimiento infantil.

Era una introducción al género de misterio, a las historias de fantasmas, a la estructura narrativa misma. Cada episodio seguía un patrón reconocible, casi ritual. Problema, investigación, pistas falsas, revelación.

Una fórmula que enseñaba a los niños a pensar, a cuestionar, a buscar explicaciones racionales detrás del miedo. En cierto modo, era ciencia ficción disfrazada de dibujos animados: el método científico aplicado a lo paranormal.

Lillard se define como un purista de la franquicia. No está pidiendo que se mantenga todo exactamente igual por nostalgia ciega, sino que se respete la esencia.

Y esa esencia, según él, es la amistad. «El núcleo de todo esto es realmente la amistad. Es algo muy hermoso, y espero que se aferren a eso».

Una nueva historia de origen

Netflix ha confiado este proyecto a Josh Appelbaum y Scott Rosenberg como showrunners y guionistas, con Greg Berlanti y Berlanti Productions en la producción. El anuncio llegó en marzo, aunque todavía no hay información sobre reparto ni fecha de estreno.

Lo que sí sabemos es que esta versión tomará un camino diferente: una historia de origen ambientada durante el último verano del grupo en un campamento.

La trama arranca cuando Shaggy y Daphne investigan un misterioso suceso paranormal que involucra a un cachorro de gran danés que podría haber presenciado un asesinato sobrenatural.

Se les unen Velma, descrita como una científica pragmática, y un nuevo personaje llamado Freddy. Juntos trabajarán para resolver el caso mientras descubren secretos personales que los conectan de formas inesperadas.

Es un enfoque arriesgado. Las historias de origen siempre lo son, porque intentan explicar algo que quizá funcionaba mejor sin explicación.

Pero también ofrecen la oportunidad de explorar dinámicas, de mostrar cómo se forjan los vínculos que luego daremos por sentados.

En un momento donde el individualismo se vende como virtud, ver cómo un grupo aprende a confiar entre sí, a complementarse, a ser más juntos que separados… no es poca cosa.

Desmitificar el miedo

Hay algo que me parece relevante en todo esto, algo que conecta con lo que siempre me ha fascinado de la buena ciencia ficción.

Scooby-Doo fue, en el fondo, una serie sobre desmitificar el miedo. Cada monstruo resultaba ser una persona con una máscara. Cada fenómeno paranormal tenía una explicación terrenal.

Era un mensaje optimista, casi ilustrado: la razón puede vencer al terror, la colaboración puede resolver lo que parece imposible.

Pensad en ello como el reverso de las distopías que tanto me interesan. Mientras que historias como Black Mirror nos muestran cómo la tecnología y el miedo pueden controlarnos, Scooby-Doo nos enseñaba que podemos controlar el miedo mediante el pensamiento crítico.

En tiempos donde la desinformación se disfraza de misterio y las teorías conspirativas proliferan como fantasmas en una mansión abandonada, quizá necesitamos más que nunca ese mensaje.

No desde la condescendencia, sino desde la aventura. Desde el placer de resolver enigmas juntos.

Lillard entiende esto cuando habla de la importancia cultural del programa. No está defendiendo una propiedad intelectual. Está defendiendo un espacio narrativo que cumple una función.

Enseñar a pensar críticamente mientras te diviertes. Introducir el género de misterio a mentes jóvenes. Mostrar que el trabajo en equipo no es solo un eslogan corporativo, sino algo genuinamente valioso.


Todavía no sabemos quién interpretará a estos personajes en su versión más joven, ni cuándo podremos verlos en pantalla.

Pero hay algo reconfortante en saber que Matthew Lillard, alguien que vivió la franquicia desde dentro, confía en que puede funcionar si se mantiene fiel a lo esencial.

Porque al final, Scooby-Doo nunca fue sobre los monstruos. Fue sobre cuatro amigos (y un perro) que decidieron enfrentarlos juntos.

Esa es la historia que merece contarse una y otra vez, con nuevas voces pero el mismo corazón. Y si Netflix logra capturar eso, quizá tengamos algo más que un reboot.

Quizá tengamos un recordatorio de por qué algunas historias siguen importando, generación tras generación. De por qué necesitamos narrativas que nos enseñen que el miedo se vence con luz, con lógica, con compañía.

En el fondo, eso también es ciencia ficción. La ficción de un mundo donde la razón todavía importa.


Sobre Alex Reyna

Mi primer recuerdo de infancia es ver El Imperio Contraataca en VHS. Desde entonces, la ciencia ficción ha sido mi lenguaje. He montado Legos, he visto Interstellar más veces de las que debería, y siempre estoy buscando la próxima historia que me vuele la cabeza. Star Wars, Star Trek, Dune, Nolan… si tiene naves o viajes temporales, cuenta conmigo.

Document

Ediciones Especiales

AL MEJOR PRECIO

books

SOLO EN

Ediciones Especiales

AL MEJOR PRECIO

SOLO EN

{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}
>