• Netflix y Legendary Entertainment acometen la primera adaptación en imagen real de Gundam, con Sydney Sweeney y Noah Centineo como protagonistas de una franquicia que lleva 47 años construyendo un universo narrativo complejo.
• El historial de Hollywood con el anime invita al escepticismo: pocas veces ha comprendido que estas obras exigen respeto al material original, no solo espectáculo visual.
• Jim Mickle asume dirección y guion, concentrando en una sola persona la responsabilidad de traducir al lenguaje cinematográfico occidental una obra que trasciende el género de robots gigantes.
Hay noticias que despiertan sentimientos encontrados. Por un lado, la curiosidad ante un proyecto de semejante envergadura; por otro, el escepticismo cultivado tras décadas viendo cómo Hollywood destroza obras que merecían un tratamiento más reverente.
La noticia de que Netflix producirá la primera adaptación en imagen real de Gundam —una de las franquicias de anime más influyentes desde 1979— me sitúa exactamente en ese territorio incómodo entre la esperanza y el recelo.
Porque seamos francos: el historial de adaptaciones occidentales de anime resulta desalentador. Desde aquel bochornoso Dragon Ball Evolution hasta intentos recientes que prefiero no mencionar, Hollywood ha demostrado su incapacidad para comprender la esencia de estas obras.
Y sin embargo, aquí estamos. Un proyecto que reúne a Sydney Sweeney —recién salida del éxito de The Housemaid, con 300 millones de dólares recaudados— y Noah Centineo, bajo la dirección de Jim Mickle. ¿Será esta vez diferente?
Netflix ha adquirido los derechos de esta producción desarrollada con Legendary Entertainment. El proyecto lleva gestándose un par de años, pero ahora cobra forma con un reparto confirmado y un director que asume también guion y producción. Linda Moran completa el equipo de una cinta que mantiene en secreto tanto su argumento como los detalles de los personajes.
La elección de Sydney Sweeney resulta interesante. Ha demostrado su valía en Euphoria y The White Lotus, mostrando capacidad para construir personajes complejos. Su reciente triunfo comercial la sitúa en un momento ascendente.
Pero interpretar en Gundam requiere algo más que talento dramático: exige comprender un universo narrativo denso, político y profundamente humano a pesar de sus robots gigantes.
Noah Centineo alcanzó la fama con To All the Boys I’ve Loved Before, un territorio completamente distinto. Su capacidad para liderar un proyecto de esta magnitud está por demostrar, aunque todo actor merece la oportunidad de expandir su registro.
Jim Mickle es la pieza más crucial. Como director, productor y guionista, recae sobre él traducir al lenguaje cinematográfico occidental una obra que lleva 47 años construyendo su universo.
Gundam no es simplemente robots gigantes luchando en el espacio. Es una reflexión sobre la guerra, la política, la identidad y el coste humano del conflicto. Yoshiyuki Tomino, creador de Mobile Suit Gundam, construyó una narrativa que desafiaba las convenciones del género mecha, presentando personajes moralmente ambiguos donde no existen respuestas fáciles.
Me viene a la mente cómo Kubrick abordó la ciencia ficción en 2001: Una odisea del espacio. No se conformó con el espectáculo visual —aunque lo logró magistralmente—, sino que construyó una reflexión filosófica sobre la humanidad. O cómo Kurosawa adaptaba obras literarias respetando su esencia mientras las transformaba en algo genuinamente cinematográfico.
La pregunta es si Mickle posee esa sensibilidad.
La franquicia ha generado durante casi cinco décadas innumerables series, películas, novelas manga y videojuegos. Esta riqueza narrativa es bendición y maldición: ofrece material abundante, pero también expectativas imposibles de satisfacer.
El peligro no reside únicamente en la fidelidad visual —aunque recrear los icónicos mobile suits será un desafío técnico considerable—. El verdadero riesgo está en la simplificación.
En convertir una narrativa compleja y moralmente ambigua en otro espectáculo de acción vacío, repleto de efectos visuales pero desprovisto del alma que hizo de Gundam algo más que entretenimiento: una obra con algo que decir sobre la condición humana.
Hollywood ha demostrado repetidamente su tendencia a sacrificar profundidad en el altar de la accesibilidad comercial. Recuerdo adaptaciones literarias que vaciaron de contenido obras maestras, reduciéndolas a meros vehículos de entretenimiento superficial.
Por ahora, la preproducción se encuentra en fases tempranas, sin detalles concretos sobre argumento o personajes. Esa opacidad puede interpretarse de dos maneras: o el equipo trabaja con el cuidado que el material merece, o simplemente aún no han descubierto cómo abordar semejante empresa.
Mantengo mi escepticismo, cultivado tras años de decepciones, pero también una pequeña llama de esperanza.
Porque el cine, cuando se hace con respeto y comprensión del material original, tiene la capacidad de trascender fronteras culturales y ofrecer nuevas perspectivas sobre obras que creíamos conocer.
Ojalá Mickle y su equipo estén a la altura del desafío. Gundam lo merece, y su legado de 47 años exige nada menos que excelencia. El tiempo dirá si asistimos a la excepción que confirma la regla o a otra oportunidad desperdiciada.

