• Daisy Ridley ha confirmado que las noticias sobre la película de Rey no llegarán hasta 2027 como mínimo, reflejando los complejos procesos de desarrollo en Hollywood.
• El proyecto, anunciado en 2023, ha pasado por múltiples guionistas y sigue en fase de gestación creativa bajo la dirección de Sharmeen Obaid-Chinoy.
• Esta espera prolongada nos recuerda que el cine de gran envergadura requiere tiempo para madurar ideas que realmente valgan la pena, algo que en ciencia ficción es especialmente crucial.
Hay algo paradójico en el tiempo cuando hablamos de Star Wars. Una saga de viajes hiperespaciales y destinos entrelazados ahora nos pide paciencia. Paciencia real, medida en años terrestres y borradores que van y vienen.
Daisy Ridley acaba de confirmar lo que muchos intuíamos: no esperéis noticias sobre la película de Rey hasta 2027. Y quizá eso no sea malo.
Porque si algo nos ha enseñado el cine de ciencia ficción es que las grandes ideas necesitan tiempo para respirar, para encontrar su forma. Rey merece más que una secuela apresurada. Merece una historia que diga algo.
El largo camino hacia una galaxia muy, muy lejana
Cuando Lucasfilm anunció oficialmente la película de Rey en la Star Wars Celebration de 2023, la noticia llegó con entusiasmo pero también con cautela. Ridley volvería a interpretar a su personaje en una historia ambientada después de El ascenso de Skywalker, centrada en la reconstrucción de la Orden Jedi.
Sharmeen Obaid-Chinoy, directora de episodios de Ms. Marvel, fue confirmada para dirigir el proyecto.
Desde entonces, el silencio ha sido ensordecedor. Pero no es un silencio vacío.
Es el tipo de silencio que acompaña a los procesos creativos complejos. Ridley lo explicó con franqueza refrescante: hay guiones que leyó hace cinco años y que apenas ahora empiezan a materializarse. El desarrollo cinematográfico, especialmente en producciones de esta magnitud, es un laberinto de obstáculos.
El proyecto ha pasado por varios guionistas. Cada uno intentando encontrar el tono adecuado, la pregunta correcta que la película debe plantear.
Porque eso es lo que distingue a la buena ciencia ficción de la mera aventura espacial: la pregunta.
¿Qué significa reconstruir?
Aquí es donde la cosa se pone interesante.
Rey no va simplemente a «hacer más jedis». Va a reconstruir una orden que fracasó repetidamente a lo largo de la saga. Una orden que, en su rigidez, creó a Vader. Que, en su arrogancia, no vio venir a Palpatine. Que abandonó a Luke cuando más la necesitaba.
Reconstruir no es restaurar. Es repensar.
Y esa es una idea enorme. Una que conecta directamente con nuestro presente: ¿cómo reconstruimos instituciones que han fallado? ¿Cómo honramos el pasado sin quedar atrapados en él?
Son preguntas que resuenan más allá de la ficción, que tocan fibras reales en una época donde tantas estructuras parecen tambalearse.
Si la película de Rey logra explorar esto con profundidad, con matices, entonces la espera habrá valido la pena. Pero eso requiere tiempo. Requiere que los guionistas encuentren no solo la trama, sino el alma de la historia.
La paciencia como virtud creativa
Ridley ha sido clara: confía en los creativos involucrados. Y hay algo admirable en esa confianza, en esa disposición a esperar por algo que valga la pena en lugar de apresurarse hacia algo mediocre.
Me recuerda a Denis Villeneuve esperando décadas para hacer Dune de la manera correcta. El cine de ideas no se fabrica en cadena de montaje.
También se habla de una posible trilogía de Simon Kinberg que podría conectar con la película de Rey, tejiendo una narrativa más amplia. Pero todo esto son piezas en movimiento, constelaciones que aún no han encontrado su forma definitiva.
El precio de las expectativas
Star Wars carga con un peso único. Cada anuncio genera expectativas estratosféricas. Cada retraso alimenta especulaciones.
Y en la era de las redes sociales, la impaciencia se amplifica hasta convertirse en ruido.
Pero quizá necesitamos reaprender a esperar. A confiar en que el proceso creativo tiene sus propios ritmos, que no siempre coinciden con los ciclos de noticias o los calendarios de estrenos.
Ridley lo entiende. Cuando le preguntaron sobre posibles anuncios en 2025 o 2026, su respuesta fue honesta: «Quizá. No sé si en 2026. En el futuro, sí».
No hay promesas vacías, no hay fechas inventadas para generar hype. Solo realismo.
Así que aquí estamos, mirando hacia 2027 o más allá, esperando noticias de una película que aún está encontrando su voz.
Y está bien.
Porque si algo nos ha enseñado la mejor ciencia ficción es que el futuro no se apresura. Se construye con cuidado, con intención, con la certeza de que algunas historias merecen el tiempo que necesitan para decir algo verdadero.
Rey reconstruirá la Orden Jedi cuando esté lista para hacerlo. Y nosotros, como espectadores, podemos elegir entre la ansiedad de la espera o la curiosidad de preguntarnos: ¿qué historia están construyendo en ese silencio?
Porque cuando finalmente llegue, si han hecho bien su trabajo, no será solo otra película de Star Wars. Será una reflexión sobre lo que significa empezar de nuevo.
Y eso, amigos, vale cada año de espera.

