• Tom Cruise podría regresar como Ethan Hunt en Misión: Imposible 9 tras el fracaso de sus proyectos más ambiciosos, incluida una película rodada en el espacio exterior.
• Hay algo admirable en ver cómo uno de los últimos grandes astros del cine clásico se niega a doblegarse completamente ante la lógica de las franquicias, aunque la realidad del mercado termine imponiéndose.
• La cancelación de la película espacial —por negarse Cruise a pedir favores políticos— y los problemas presupuestarios de otros proyectos han dejado al actor sin alternativas claras fuera de las sagas consolidadas.
Hay algo profundamente irónico en observar cómo uno de los últimos grandes astros del cine clásico de Hollywood se encuentra atrapado en el mismo dilema que aquejó a las estrellas del sistema de estudios: la imposibilidad de escapar del personaje que les dio fama.
Tom Cruise, ese actor que durante décadas ha desafiado la gravedad y las leyes del mercado con una tenacidad digna de los grandes nombres de la era dorada, parece haber llegado a un punto de inflexión. Sus intentos por diversificar su carrera se han estrellado contra la realidad de una industria que ya no financia sueños, sino certezas comerciales.
La noticia de que Misión: Imposible 9 cobra fuerza tras el naufragio de la película espacial no es simplemente un titular más. Es el síntoma de una época en la que incluso los titanes deben doblegarse ante las franquicias.
La saga Misión: Imposible ha recaudado 4.700 millones de dólares a lo largo de su existencia. Misión: Imposible – El ajuste final se presentó como el cierre definitivo, aunque cualquiera con un mínimo conocimiento de la gramática cinematográfica de Hollywood pudo advertir que el desenlace dejaba la puerta entreabierta.
Hunt sobrevive, el mundo sigue girando, y las posibilidades narrativas permanecen intactas. No es casualidad.
Cruise mismo ha manifestado su deseo de continuar con el personaje tanto tiempo como Harrison Ford lo hizo con Indiana Jones. La comparación no carece de sentido si atendemos a la naturaleza física y aventurera de ambas figuras, aunque conviene recordar que la saga de Indy nació de la mano de Spielberg y Lucas, dos artesanos del espectáculo que entendían el lenguaje clásico de la aventura cinematográfica.
Pero Cruise nunca se ha conformado con la comodidad de la repetición. En los últimos años intentó diversificar su trayectoria con proyectos que prometían romper moldes.
Uno de ellos era Deeper, un thriller submarino de corte sobrenatural con Ana de Armas. Otro, una comedia dramática dirigida por Alejandro G. Iñárritu, cineasta cuya sensibilidad está a años luz del espectáculo pirotécnico que caracteriza a Misión: Imposible.
El proyecto más ambicioso, sin embargo, era una película que se rodaría parcialmente en el espacio exterior. Anunciada en 2020, esta producción contaba con el respaldo de la NASA y SpaceX, y habría sido la primera película de ficción de Hollywood filmada fuera de la atmósfera terrestre.
Doug Liman, director de Al filo del mañana, estaba al frente. La idea era audaz, casi temeraria, y encajaba perfectamente con la imagen de Cruise como el último kamikaze del cine de acción.
Pero a finales de 2024, el proyecto fue cancelado. La razón, según se ha filtrado, es que Cruise se negó a solicitar un favor político para impulsar la producción. Hay algo admirable, casi quijotesco, en esa negativa. En una industria donde las concesiones son moneda corriente, Cruise eligió la integridad personal por encima de la viabilidad del proyecto.
Deeper también naufragó por problemas presupuestarios y la pérdida del respaldo de Warner Bros. Dos proyectos originales, dos fracasos. Y así, el círculo se cierra: Cruise vuelve a mirar hacia las franquicias.
Paramount, bajo el mando de su CEO David Ellison, ha dejado claro que las sagas comerciales son su prioridad. Ellison y Cruise tuvieron desencuentros en 2021 por los presupuestos desorbitados de las últimas entregas de Misión: Imposible, pero al parecer han limado asperezas.
En 2025, Cruise visitó las oficinas de Paramount. Aunque no hay confirmación oficial, es difícil imaginar que no se hablara de Misión: Imposible 9. La lógica del mercado lo exige.
Sin embargo, hay otra carta sobre la mesa: Top Gun 3. La secuela de Top Gun: Maverick fue un fenómeno cultural y comercial que superó con creces las expectativas. Si Cruise debe elegir entre volver a ponerse el arnés de Ethan Hunt o subirse de nuevo a un F-18, es probable que la cabina de un caza tenga más atractivo.
Observar la trayectoria de Tom Cruise en este momento es como contemplar el ocaso de una era. No porque su talento haya menguado —su compromiso físico y su presencia en pantalla siguen siendo formidables—, sino porque el cine que él representa está siendo devorado por la maquinaria de las franquicias.
Que Misión: Imposible 9 sea ahora más probable que una película rodada en el espacio dice mucho sobre el estado actual de Hollywood.
Y sin embargo, si Cruise decide regresar como Ethan Hunt, lo hará con la misma entrega que ha caracterizado toda su carrera. Esa es su grandeza: no sabe hacer las cosas a medias. Incluso dentro de las limitaciones de una franquicia, su dedicación al oficio, su insistencia en realizar sus propias escenas de riesgo, su colaboración estrecha con Christopher McQuarrie —un director que entiende la puesta en escena de la acción como pocos—, elevan el material por encima de lo meramente comercial.
Veremos si el cine todavía tiene espacio para hombres así. Mientras tanto, Ethan Hunt espera.

