• Sophie Turner protagoniza la nueva serie de Tomb Raider para Prime Video, con Phoebe Waller-Bridge como showrunner y un reparto que incluye a Sigourney Weaver y Jason Isaacs.
• Esta adaptación podría ser la oportunidad de explorar a Lara Croft como algo más que una aventurera: una obsesiva buscadora de verdades enterradas en un mundo que reescribe constantemente su historia.
• Las adaptaciones de videojuegos siguen siendo territorio complicado, pero los elementos están ahí para crear algo que trascienda el simple espectáculo.
Hay algo fascinante en ver cómo ciertos iconos culturales se reinventan generación tras generación.
Lara Croft es uno de esos símbolos que trasciende su medio original: nació en los píxeles de una consola, saltó al cine, y ahora regresa transformada en formato serie. Cada iteración nos dice algo distinto sobre qué esperamos de nuestros héroes, qué valores proyectamos en ellos.
Y esta vez, con Sophie Turner al frente y Phoebe Waller-Bridge detrás de las cámaras, la pregunta no es solo si funcionará, sino qué versión de Lara necesitamos ahora.
Porque adaptaciones como esta no existen en el vacío. Son espejos de nuestro momento cultural, intentos de reconciliar la nostalgia con la relevancia contemporánea. Y cuando se trata de un personaje tan cargado de historia —y de debates sobre representación, agencia femenina y espectáculo— cada decisión creativa se convierte en una declaración de intenciones.
Una arqueóloga entre mundos
Amazon MGM Studios ha confirmado oficialmente el inicio de producción de la serie de acción real de Tomb Raider para Prime Video.
El proyecto llega acompañado de una primera imagen de Sophie Turner caracterizada como la legendaria arqueóloga. El diseño de vestuario recupera elementos del look clásico: funcional, icónico, sin caer en la caricatura.
Turner, conocida principalmente por su trabajo en Juego de Tronos, llegó al papel tras un proceso de casting extenso. No es una elección casual. Hay algo en su capacidad para transmitir vulnerabilidad y determinación al mismo tiempo que encaja con lo que Lara Croft representa en su mejor versión: no solo una aventurera invencible, sino alguien cuya curiosidad intelectual la empuja constantemente hacia el peligro.
Me recuerda a lo que siempre me fascinó de personajes como la lingüista de Arrival: esa obsesión por descifrar lo desconocido, aunque el proceso te transforme en el camino.
La serie está siendo producida en colaboración con Crystal Dynamics, los creadores originales de la franquicia de videojuegos. Esa conexión directa con la fuente es importante. Demasiadas adaptaciones fallan porque tratan el material original como mera inspiración superficial, sin entender qué hizo que resonara en primer lugar.
El equipo detrás de la aventura
Si hay un nombre que genera expectativas inmediatas, ese es Phoebe Waller-Bridge.
Como creadora, guionista y co-showrunner, su visión será determinante. Waller-Bridge demostró con Fleabag y Killing Eve que entiende cómo construir personajes femeninos complejos sin convertirlos en arquetipos vacíos. Su participación sugiere que esta Lara Croft tendrá capas, contradicciones, humanidad.
Comparte las labores de showrunner con Chad Hodge, mientras que Jonathan Van Tulleken asume la dirección. Es un equipo con experiencia en narrativa serializada, lo cual importa. Las series permiten algo que las películas no: tiempo para explorar, para detenerse en los matices, para que los personajes respiren.
El reparto incluye a Sigourney Weaver y Jason Isaacs, entre otros. No son meros secundarios decorativos; su presencia indica ambición narrativa, personajes con sustancia más allá de la protagonista.
Más allá del espectáculo
La sinopsis oficial describe a Lara como «una arqueóloga brillante cuya sed de descubrimiento la arrastra constantemente hacia encuentros peligrosos con misterios ancestrales».
Suena familiar, sí. Pero lo interesante será ver qué hace la serie con esa estructura.
Porque Tomb Raider, como concepto, siempre ha caminado en la cuerda floja entre el entretenimiento puro y algo más profundo. ¿Qué significa dedicar tu vida a desenterrar el pasado? ¿Qué impulsa esa obsesión por lo perdido, lo oculto, lo prohibido?
Son preguntas que conectan con algo muy humano: nuestra necesidad de entender de dónde venimos para saber hacia dónde vamos.
Hay algo casi especulativo en la arqueología cuando la piensas así. No es tan distinto de la exploración espacial en Star Trek: ambas buscan expandir los límites de lo conocido, ambas asumen riesgos por el simple hecho de saber. Y en una era donde el pasado parece cada vez más distante y fragmentado, donde la historia se reescribe constantemente, una arqueóloga que busca verdades enterradas puede funcionar como metáfora potente.
Las mejores historias de aventuras nunca son solo sobre la aventura. Son sobre qué revela el viaje sobre quien lo emprende.
Queda por ver si esta nueva encarnación de Tomb Raider logrará equilibrar espectáculo y sustancia, acción y reflexión.
Las adaptaciones de videojuegos tienen un historial complicado, atrapadas a menudo entre satisfacer a los fans del material original y atraer a audiencias más amplias. Pero los elementos están ahí: un equipo creativo sólido, una protagonista con potencial, y un universo lo suficientemente rico como para sostener múltiples interpretaciones.
Lo que me interesa no es tanto si será «fiel» al videojuego —la fidelidad absoluta rara vez produce buen cine o televisión— sino si encontrará su propia voz. Si usará el lienzo de Tomb Raider para decir algo relevante sobre exploración, legado, y el precio de la curiosidad insaciable.
Porque al final, los mejores iconos no son los que permanecen inmutables, sino los que se transforman sin perder su esencia.
Y Lara Croft, después de tantos años y tantas versiones, sigue buscando. Quizá esta vez encuentre algo nuevo.

