Las mejores series de TV de 2025

2025 prueba que la narrativa más robusta está en TV: diez series audaces, diversos géneros y riesgos reales mientras el cine comercial se diluye.

✍🏻 Por Tomas Velarde

enero 13, 2026

• El año 2025 ha confirmado que la televisión sigue siendo el último refugio de la narrativa compleja y la ambición formal, con series que recuperan la confianza en la madurez del espectador.

• Resulta alentador comprobar que, frente a la producción industrial vacía, aún existen creadores dispuestos a asumir riesgos narrativos sin subestimar la inteligencia de quien mira.

• Esta selección abarca desde la ciencia ficción filosófica hasta el drama médico en tiempo real, demostrando que la calidad no entiende de géneros cuando hay verdadero oficio detrás de la cámara.


Hay algo profundamente estimulante en constatar que, pese a la saturación de contenidos y la tiranía del algoritmo, el medio televisivo aún conserva la capacidad de sorprendernos.

No me refiero a esa sorpresa barata que se consigue con giros argumentales gratuitos o con presupuestos desorbitados destinados a efectos visuales. Hablo de esa otra sorpresa, la genuina: la que nace cuando un creador confía en su visión, respeta la inteligencia de quien mira y construye una narrativa que no teme la complejidad.

El año 2025 ha sido, en este sentido, una rara avis en el panorama audiovisual contemporáneo. Mientras el cine comercial sigue atrapado en su espiral de secuelas predecibles, la televisión ha recuperado parte de aquel espíritu que la convirtió, hace ya más de una década, en el refugio de los narradores ambiciosos.

Las diez series que componen esta lista no son perfectas —pocas obras lo son—, pero todas comparten una cualidad que se ha vuelto escasa: la valentía de no subestimar a su público.

The Studio (Apple TV+): La mirada lúcida sobre la fábrica de sueños

Comenzar esta lista con una comedia podría parecer frívolo, pero The Studio es cualquier cosa menos superficial.

Esta serie protagonizada por Seth Rogen, Catherine O’Hara y Kathryn Hahn funciona como un espejo deformante —aunque no tanto— de la industria del entretenimiento. Lo que podría haberse quedado en una sucesión de chistes internos se transforma en algo más sustancioso: una reflexión mordaz sobre la creación artística en un ecosistema dominado por el miedo al fracaso.

La serie encuentra su corazón precisamente donde menos lo esperaríamos: en medio del absurdo corporativo, entre reuniones delirantes y decisiones creativas tomadas por comités. Hay algo de Billy Wilder en su capacidad para extraer humanidad del cinismo, para encontrar ternura en personajes que podrían haberse quedado en meras caricaturas.

Aunque el ritmo decae en algunos episodios centrales, la serie mantiene una coherencia tonal admirable.

Andor (Disney+): Cuando Star Wars alcanza la madurez narrativa

Tony Gilroy ha conseguido lo que parecía imposible: elevar una franquicia de entretenimiento familiar a la categoría de gran televisión adulta.

Esta segunda y última temporada de Andor no es simplemente buena «para ser de Star Wars». Es excelente, punto. La construcción de la rebelión se presenta aquí despojada de heroísmo fácil, como un proceso doloroso, moralmente ambiguo, donde cada victoria tiene un coste humano insoportable.

La serie funciona con la paciencia de un Kubrick y la complejidad política de un Costa-Gavras. Los planos generales sostienen la tensión sin necesidad de cortes frenéticos. La iluminación naturalista, casi documental en algunos pasajes, contrasta deliberadamente con la estética pulida de otras producciones de la franquicia.

Diego Luna compone un protagonista opaco, difícil de descifrar, alejado años luz del héroe arquetípico. Y precisamente esa opacidad es lo que convierte a Cassian Andor en un personaje memorable.

It: Welcome to Derry (HBO): El terror como excavación emocional

El terror genuino no nace de los sustos fáciles ni de la violencia gratuita. Nace del reconocimiento de nuestros propios abismos.

Esta precuela de It entiende algo fundamental que muchas producciones de género olvidan: que Pennywise funciona como metáfora porque se alimenta del dolor real, del trauma que habita en cada uno de sus personajes.

Bill Skarsgård vuelve a demostrar que su interpretación del payaso va mucho más allá del maquillaje. Hay una inteligencia malévola en su mirada, una comprensión perversa del sufrimiento humano que resulta genuinamente perturbadora.

La serie construye sus personajes con una profundidad inusual para el género. No son víctimas intercambiables esperando su turno para morir de forma espectacular. Son seres con historias, con heridas abiertas que Pennywise sabe explotar con precisión quirúrgica.

Aunque algunos episodios se exceden en su duración, el conjunto resulta emocionalmente devastador.

Adolescence (Netflix): La masculinidad tóxica bajo el microscopio

Jack Thorne y Stephen Graham firman una de las piezas más valientes del año.

Esta miniserie de cuatro episodios aborda la radicalización online sin aspavientos moralizantes, sin soluciones fáciles. La decisión de rodar cada episodio en un único plano secuencia no es un mero alarde técnico: es una elección narrativa que nos obliga a permanecer con los personajes, sin cortes que alivien la tensión.

Owen Cooper ofrece una interpretación desgarradora de un adolescente atrapado en una espiral de odio y confusión. La serie no lo excusa, pero tampoco lo deshumaniza. Entiende que la radicalización es un proceso, no un evento súbito.

Es incómoda, claustrofóbica, difícil de digerir. Y precisamente por eso resulta imprescindible.

Pluribus (Apple TV+): La ciencia ficción que confía en su audiencia

Vince Gilligan vuelve a demostrar por qué es uno de los narradores más interesantes del medio.

Pluribus, protagonizada por la magnífica Rhea Seehorn, se niega a explicarlo todo, a subrayar cada metáfora, a masticar sus ideas antes de ofrecérnoslas. En un panorama dominado por la narrativa condescendiente, esta serie confía en que el espectador es capaz de seguir el hilo, de tolerar la ambigüedad.

Su ritmo pausado no es un defecto sino una virtud. Gilligan construye atmósfera, deja que las preguntas filosóficas respiren, permite que el silencio comunique tanto como el diálogo. La composición de los encuadres, con esa predilección por los planos fijos y la profundidad de campo, remite a la mejor ciencia ficción contemplativa.

Me recuerda a aquella ciencia ficción reflexiva de los setenta, cuando el género se permitía ser ensayo filosófico además de espectáculo visual.

The Pitt (HBO Max): El drama médico en tiempo real

Quince horas en urgencias, sin cortes temporales, sin subterfugios narrativos.

The Pitt recupera la intensidad visceral del mejor drama médico —pienso en las primeras temporadas de ER— pero lo hace con una conciencia aguda de la realidad post-pandémica. Noah Wyle compone un médico agotado, al borde del colapso, sostenido únicamente por un sentido del deber que roza lo autodestructivo.

La serie no romantiza la medicina. Muestra su brutalidad, sus dilemas imposibles, sus pequeñas victorias que apenas compensan las derrotas diarias. El formato en tiempo real genera una tensión sostenida que resulta casi insoportable, pero también profundamente honesta.

El elenco coral funciona como un mecanismo de relojería, cada actor aportando matices a un retrato colectivo de la sanidad en crisis.

Alien: Earth (FX on Hulu): Noah Hawley domestica al xenomorfo

Abordar una franquicia tan icónica como Alien requiere valentía y visión propia.

Noah Hawley, que ya demostró su capacidad para reinterpretar material existente con Fargo, construye aquí una narrativa que respeta el ADN de la saga —la tensión, el horror corporal, el diseño de H.R. Giger— pero la expande hacia territorios temáticos más ambiciosos.

La serie funciona con dos líneas narrativas entrelazadas que exploran cuestiones de identidad, poder y libre albedrío. No tiene prisa por mostrar al monstruo. Construye la amenaza con paciencia, dejando que el terror nazca de la anticipación más que de la revelación.

Hay ecos de Ridley Scott en su capacidad para crear atmósferas opresivas, pero también una voz propia que se niega a ser mero pastiche reverencial. Aunque algunos giros argumentales resultan previsibles, el conjunto mantiene su integridad.

Platonic (Apple TV+): La comedia que entiende la edad adulta

Rose Byrne y Seth Rogen vuelven en esta segunda temporada que equilibra humor absurdo con observación aguda de la vida adulta.

La serie entiende algo que muchas comedias olvidan: que el humor más efectivo nace del reconocimiento, de ver reflejadas en pantalla nuestras propias contradicciones y fracasos. La exploración de la amistad entre adultos, de las pequeñas crisis existenciales que jalonan la mediana edad, se hace sin condescendencia.

Byrne y Rogen tienen una química natural que convierte incluso las escenas más cotidianas en algo disfrutable. La escritura confía en ellos, les da espacio para encontrar la verdad emocional detrás del chiste.

Es comedia inteligente, adulta en el mejor sentido del término.

The Bear (FX on Hulu): La ambición y sus costes

La cuarta temporada de The Bear podría haberse quedado en la repetición de fórmulas exitosas. En cambio, profundiza.

La serie sigue explorando la autodestrucción que a menudo acompaña a la ambición creativa, pero lo hace ahora con una calidez inesperada. Carmy y su equipo intentan repararse a sí mismos mientras reparan el restaurante, y esa doble reconstrucción —física y emocional— genera algunos de los momentos más conmovedores de la temporada.

La dirección mantiene esa energía frenética que caracteriza a la serie, pero encuentra también momentos de quietud que resultan igual de poderosos. El montaje sincopado, con esos cortes bruscos que imitan el ritmo de una cocina profesional, sigue siendo una de las señas de identidad más reconocibles.

Es una serie sobre la excelencia y su precio, sobre la familia elegida y la biológica, sobre el arte de cocinar como metáfora del arte de vivir.

Severance (Apple TV+): La división de la conciencia y sus costes

Cierro esta lista con la segunda temporada de una de las series más formalmente ambiciosas de los últimos años.

Severance podría haberse perdido en su propio laberinto conceptual, en el virtuosismo visual que caracterizó su primera temporada. Pero esta continuación encuentra un equilibrio notable entre estilo y sustancia, entre el diseño de producción impecable y la profundidad emocional.

Gwendoline Christie se incorpora al reparto aportando una presencia magnética que enriquece una trama ya de por sí compleja. La serie sigue explorando las implicaciones filosóficas y emocionales de dividir la conciencia humana, pero lo hace ahora con mayor urgencia dramática.

Hay ecos de Kubrick en su frialdad estética, de Kafka en su burocracia absurda, pero también una voz contemporánea que habla de alienación laboral y pérdida de identidad en términos que resuenan con nuestra época. La simetría de los encuadres, esa geometría perfecta de los espacios corporativos, funciona como expresión visual de un sistema que busca controlar hasta el último aspecto de la existencia humana.


Contemplar esta lista en su conjunto me genera una sensación contradictoria.

Por un lado, un optimismo cauteloso: la televisión sigue siendo capaz de albergar narrativas complejas, de dar espacio a creadores con visión propia, de tratar a su audiencia como adultos inteligentes. Estas diez series demuestran que todavía es posible hacer televisión ambiciosa, que asume riesgos, que no teme la complejidad.

Por otro lado, no puedo evitar preguntarme cuánto durará este momento de relativa salud creativa. Las plataformas cambian sus estrategias constantemente, los algoritmos dictan cada vez más qué se produce y qué se cancela, y la presión por los resultados inmediatos amenaza la posibilidad de narrativas pausadas.

Pero por ahora, por este año al menos, podemos celebrar que el medio televisivo sigue ofreciendo refugio a la ambición narrativa. Y eso, en estos tiempos de uniformidad industrial, ya es bastante.


Cinéfilo empedernido, coleccionista de vinilos de bandas sonoras y defensor de la sala de cine como templo cultural. Llevo más de una década escribiendo sobre cine clásico, directores de culto y el arte de la narrativa visual. Creo que no hay nada como un plano secuencia bien ejecutado y que el cine perdió algo cuando dejó de oler a celuloide.

Document

Ediciones Especiales

AL MEJOR PRECIO

books

SOLO EN

Ediciones Especiales

AL MEJOR PRECIO

SOLO EN

{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}
>