• Warwick Davis regresa como el profesor Flitwick en la nueva serie de HBO de Harry Potter, confirmando que será «muy fiel» a los libros de J.K. Rowling con mayor profundidad que las películas originales.
• La serie televisiva permitirá explorar elementos y personajes que quedaron fuera del formato cinematográfico, algo que los fans de los libros llevaban años esperando.
• Hay algo fascinante en volver a contar una historia que ya conocemos: no se trata de repetir, sino de descubrir lo que quedó en el camino la primera vez.
Hay algo extraño en volver a un lugar que creías haber dejado atrás. No es nostalgia exactamente, ni tampoco un simple déjà vu.
Es más bien la sensación de que el tiempo se pliega sobre sí mismo, como si dos versiones de la misma realidad pudieran coexistir en el mismo espacio.
Eso es lo que debe estar sintiendo Warwick Davis estos días, caminando de nuevo por los estudios de Leavesden, interpretando al profesor Flitwick una vez más, pero en una historia que promete ser distinta. Más completa. Más cercana a lo que J.K. Rowling escribió en su momento.
Porque eso es lo que propone la nueva serie de Harry Potter de HBO: no un remake, sino una segunda oportunidad.
Una oportunidad para contar la historia con el tiempo que nunca tuvieron las películas. Para detenerse en los detalles, en los personajes secundarios, en esos momentos que quedaron fuera del montaje final porque dos horas y media no dan para todo.
Y quizá ahí esté lo interesante: ¿qué cambia cuando le das espacio a una historia para respirar?
El regreso de Flitwick y la promesa de la fidelidad

Davis ha confirmado en una entrevista con Times Radio que está trabajando en la serie en este momento. Aunque no puede revelar demasiado, sí ha dejado claro algo fundamental: «Estamos volviendo a contar esas historias maravillosas, pero con más profundidad y detalle de lo que se ha visto antes. Son adaptaciones muy fieles del libro».
Esa palabra, «fidelidad», es curiosa. En el mundo de las adaptaciones siempre genera debate.
¿Fiel a qué, exactamente? ¿A la letra? ¿Al espíritu? ¿A la experiencia de leer?
Porque una cosa es reproducir cada escena del libro y otra muy distinta es capturar lo que esas escenas significan. Lo que Davis parece sugerir es que la serie tendrá el lujo del tiempo.
El formato televisivo, con sus múltiples episodios y temporadas, permite algo que el cine no: la pausa. La posibilidad de quedarse un rato más en Hogwarts, de conocer mejor a personajes que en las películas apenas tuvieron un par de líneas.
Me recuerda a lo que pasó con Foundation de Asimov. Durante décadas parecía inadaptable al cine, demasiado densa, demasiado filosófica. Pero cuando Apple TV+ le dio el espacio de una serie, de repente todo encajó.
No porque fuera más fiel página por página, sino porque el formato permitió que las ideas respiraran.
Volver al mismo lugar, pero distinto
Hay algo casi poético en que la serie se esté rodando en los mismos estudios donde se filmaron las películas originales.
Davis lo describe como una experiencia «extraña»: «Obviamente estamos contando la misma historia, así que hay momentos similares que estamos experimentando como actores en el set. Pero es raro estar de vuelta en los mismos estudios, haciéndolo todo otra vez, porque Leavesden es donde rodamos las películas».
Es como volver a tu colegio años después. Los pasillos son los mismos, pero tú no. Y la experiencia tampoco.
En esta nueva versión, Davis solo interpretará a Flitwick. En las películas originales también dio vida a Griphook, el duende banquero de Gringotts, pero ahora ese papel lo asumirá Leigh Gill.
Es un detalle pequeño, pero significativo. Habla de una producción que quiere diferenciarse, que no busca simplemente replicar lo que ya funcionó.
Lo que quedó fuera la primera vez
Cualquiera que haya leído los libros de Harry Potter y luego visto las películas conoce esa sensación de ausencia.
Personajes enteros desaparecidos. Tramas completas condensadas en una escena de dos minutos. Matices emocionales sacrificados en favor del ritmo narrativo.
No es una crítica a las películas, que lograron algo extraordinario dentro de sus limitaciones. Pero las limitaciones existían.
Y muchos fans llevaban años preguntándose cómo sería una adaptación que no tuviera que elegir tanto, que pudiera permitirse el lujo de incluir en lugar de omitir.
Eso es lo que promete esta serie. Y es una promesa interesante, porque plantea una pregunta más profunda: ¿cuánto de una historia está en lo que se cuenta y cuánto en cómo se cuenta?
¿Puede una adaptación más fiel cambiar nuestra relación con un universo que creíamos conocer?
Una cuestión de tiempo y espacio
La serie está programada para estrenarse en 2027, bajo la dirección de Mark Mylod y con Francisca Gardiner como showrunner. El reparto incluye a Dominic McLaughlin como Harry Potter y Janet McTeer como Minerva McGonagall, entre otros.
Pero más allá de los nombres y las fechas, lo que resulta fascinante es la apuesta en sí.
Vivimos en una época en la que volver a contar historias ya contadas se ha convertido casi en norma. Remakes, reboots, reimaginaciones.
Y a menudo la pregunta es: ¿para qué? ¿Qué aporta esto que no tuviéramos ya?
En este caso, la respuesta parece clara: tiempo. Espacio. La posibilidad de explorar en lugar de resumir.
Hay algo que siempre me ha fascinado de las adaptaciones: no son solo traducciones de un medio a otro, sino interpretaciones.
Cada versión de una historia es, en cierto modo, una lectura de esa historia. Y cada lectura revela algo distinto, dependiendo del momento, del formato, de quién la cuenta y para quién.
Esta nueva serie de Harry Potter no va a borrar las películas de nuestra memoria. Ni debería.
Pero sí puede ofrecernos algo valioso: la oportunidad de volver a un mundo que creíamos conocer y descubrir que todavía quedan rincones por explorar.
Porque las mejores historias no son las que se agotan en una sola lectura, sino las que siguen revelando capas cada vez que volvemos a ellas.
Y quizá eso es lo que significa realmente ser fiel a un libro: no reproducirlo palabra por palabra, sino entender que su riqueza está en todo lo que contiene. Incluso en lo que no cabe en dos horas de película.

