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Chris Evans vuelve de forma oficial como Steve Rogers en Avengers: Doomsday, cuyo estreno está fijado para el 18 de diciembre de 2026.
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El propio actor ha explicado que Steve lleva desde Endgame intentando vivir «la vida que siempre quiso», en total sintonía con aquella despedida de 2019.
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Marvel necesitó ocho años y cerca de una docena de propuestas para convencerle, y fue el regreso de Robert Downey Jr. lo que terminó de inclinar la balanza.
💬 Mi opinión: No me interesa tanto que Evans vuelva como el motivo por el que lo hace. Que dijera «no» durante años, hasta tener delante una historia que mereciera la pena, me dice más sobre el cuidado de este proyecto que cualquier tráiler espectacular.
Hay despedidas en el cine que se te quedan grabadas para siempre. La de Steve Rogers al final de Avengers: Endgame es, sin duda, una de ellas. Un hombre que pasó décadas sacrificándose por los demás, que nunca pudo bailar esa pieza con Peggy, que llegó al futuro sin apenas nada familiar… y que al final tuvo el valor de elegirse a sí mismo. Fue perfecto. Redondo. El tipo de final que te hace salir del cine con los ojos húmedos y una sonrisa en la cara al mismo tiempo.
Y entonces llega la noticia de que vuelve. Y tu primera reacción, si eres fan del MCU de verdad, no es solo euforia: también es un poco de vértigo. Porque cuando algo está tan bien cerrado, reabrirlo puede estropear todo lo construido. ¿Tiene Marvel la delicadeza suficiente para hacerlo bien esta vez? La pregunta es absolutamente legítima. Pero hay detalles en torno a este regreso que me han tranquilizado bastante. Vamos a hablar de ellos.
En unas declaraciones recientes recogidas por la prensa estadounidense, Chris Evans confirmó lo que muchos ya intuíamos pero necesitábamos escuchar de su propia boca: Steve Rogers estará en Avengers: Doomsday. Y, de paso, nos adelantó algo sobre el estado del personaje.
Según Evans, Steve lleva desde los eventos de Endgame «haciendo todo lo posible por perseguir la vida que siempre quiso». Una frase sencilla, pero cargadísima de significado. Steve se quedó en el pasado, vivió con Peggy, envejeció con dignidad. Y ahora, en algún punto de esta nueva historia, algo va a sacarle de esa paz tan duramente ganada.
¿Qué exactamente? Eso aún no lo sabemos. Pero el hecho de que Evans haya elegido describir así a su personaje —no como alguien que estaba esperando volver a la acción, sino como alguien que genuinamente intenta vivir tranquilo— dice mucho sobre cómo podría abordarse su historia.
Ocho años de propuestas rechazadas
Lo que me parece verdaderamente revelador es la cantidad de veces que Marvel intentó convencer a Evans antes de lograrlo. Según ha trascendido, el estudio le presentó aproximadamente una docena de conceptos distintos a lo largo de ocho años. Ocho. Años.

Entre esas propuestas había versiones de Steve como Nomad, el alter ego que el personaje adoptó en los cómics tras renunciar al escudo del Capitán América. Y Evans lo rechazó. Todas las veces.
Y aquí me toca ponerme un poco friki, porque yo llegué a Nomad por las viñetas mucho antes de imaginar siquiera un MCU. Aquella etapa en la que Steve, asqueado por la corrupción del sistema, cuelga el traje y adopta una identidad nueva me marcó como lectora: era un Capitán América cuestionándose el propio símbolo que encarnaba. Dramáticamente es oro puro. Por eso entiendo la tentación del estudio… y también entiendo el «no» de Evans.
¿Por qué rechazarlo? Porque sabía que cualquier regreso que no estuviera a la altura de su despedida en Endgame haría más daño que bien. Eso, viniendo de un actor al que claramente le encanta este personaje, es un gesto de respeto enorme. No hacia Marvel, ni hacia el dinero, sino hacia Steve Rogers como personaje en sí mismo. Porque una gran idea mal construida no deja de ser una idea vacía.
Lo que finalmente lo convenció
Dos cosas: el regreso de Robert Downey Jr. al MCU —esta vez como Doctor Doom— y una propuesta de historia que, según el propio Evans, esta vez sí le pareció lo suficientemente sólida.
Y ojo, porque lo de RDJ importa mucho. La relación entre Steve Rogers y Tony Stark es uno de los pilares emocionales más fuertes de todo el MCU. Todavía recuerdo el nudo en el estómago viendo Civil War, con esa amistad rota a golpe de escudo. Verlos de nuevo en el mismo universo —aunque sea en roles distintos— tiene un potencial narrativo que me genera muchísima curiosidad. Dos actores que han construido esa química durante años, en una historia donde Doctor Doom plantea una amenaza de proporciones épicas.
Si a eso le sumas que los hermanos Russo, Anthony y Joe —responsables de algunos de los mejores momentos de Steve Rogers en pantalla—, están de nuevo detrás del proyecto, el optimismo empieza a tener base real.
Evans lleva con Steve Rogers desde Captain America: The First Avenger en 2011. Su única aparición entre Endgame y Doomsday fue un cameo en Deadpool & Wolverine… pero como Johnny Storm, no como Steve. Un guiño simpático, que dejó claro que el actor aún no estaba listo para volver al escudo. Ahora sí lo está. Y eso, de por sí, ya es una señal importante.
Claro que quedan preguntas en el aire. ¿Qué versión de Steve veremos exactamente? ¿Cómo justificará la historia que un hombre que eligió la paz tenga que ponerse de nuevo en medio del caos? ¿Respetará Doomsday lo que Endgame construyó, o simplemente usará a Steve como nostalgia empaquetada para vender entradas? Son preguntas legítimas, y los fans con criterio tenemos todo el derecho a hacerlas.
Y sin embargo, más allá del respeto al personaje del que ya he hablado, hay otra cosa que me anima: por primera vez en mucho tiempo, siento que Marvel está construyendo hacia algo con intención, no por inercia. El MCU lleva una temporada acumulando estrenos que se olvidan a la semana, y este regreso huele a apuesta pensada, no a parche. El 18 de diciembre de 2026 aún queda lejos. Pero tengo ganas reales —de esas que no sentía desde hace bastantes fases— de saber qué le pasa a Steve Rogers.

