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Iman Vellani defiende que la Generación Z no ha abandonado a los superhéroes, sino que exige historias más honestas y centradas en los personajes.
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El agotamiento del género es un ciclo natural que ya vivieron los westerns o los musicales, y no significa que esté muerto.
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Thunderbolts* se cita como ejemplo reciente de que el modelo sí funciona cuando prioriza la profundidad emocional sobre el espectáculo vacío.
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Mi opinión: Iman tiene toda la razón, y me alegra enormemente que lo diga alguien de dentro. Llevamos años pidiendo exactamente esto.
Hay algo muy particular en escuchar a alguien del MCU hablar sin filtros sobre lo que está fallando en el género. No desde la condescendencia del veterano, sino desde la trinchera de quien creció con los cómics, ama a los personajes de verdad y también se sienta en la butaca con las mismas expectativas que el resto. Iman Vellani, la actriz que dio vida a Kamala Khan en Ms. Marvel, lleva tiempo siendo mucho más que una cara bonita del universo Marvel. Es, sin exagerar, una de las voces más lúcidas que tiene el fandom ahora mismo.
Y hay una ironía preciosa en todo esto: Kamala Khan nació en las viñetas (allá por 2013, de la mano de G. Willow Wilson) siendo ella misma una fangirl, una cría que idolatraba a los Vengadores y hacía fanfiction de Carol Danvers. Que precisamente la persona que encarna a esa fan sea quien defienda ahora al género con más criterio que muchos ejecutivos me parece poesía pura.
Lo que dijo recientemente en un AMA para League of Comic Geeks no es solo interesante. Es exactamente lo que muchos llevamos pensando desde hace tiempo pero que rara vez escuchamos articulado con tanta claridad desde dentro de la industria. Así que vamos a desmenuzarlo, porque merece más que un titular.
El MCU cumple 18 años desde que Tony Stark anunció al mundo que era Iron Man. Dieciocho años en los que hemos tenido momentos verdaderamente históricos —Infinity War, Endgame, la primera temporada de WandaVision— pero también una racha reciente de tropiezos que nadie con dos dedos de frente puede ignorar.
Marvel lo sabe. Por eso están recalibrando. Por eso Thunderbolts* supuso un soplo de aire fresco. Y por eso duele especialmente cuando alguien desde una productora rival sale a decir, de forma anónima y con bastante poco criterio, que «los superhéroes son cosa de millennials» y que la Generación Z ha pasado página.
Vellani respondió a eso directamente, y lo hizo bien.

Su argumento es sencillo pero poderoso: el agotamiento del género es un ciclo completamente normal. Los westerns lo vivieron —y luego llegó Sin perdón y le devolvió toda la dignidad—. Los musicales pasaron por su travesía del desierto y hoy vuelven a llenar salas. Las comedias románticas tuvieron su propio invierno y ahora resurgen con fuerza. Ningún género muere por saturación; evoluciona, o desaparece por no hacerlo.
«Nuestra generación creció con una abundancia de historias de superhéroes, así que quizás la novedad se ha desgastado, lo cual es natural. El listón es más alto ahora.»
Y tiene razón. Alguien que tiene 20 años hoy no recuerda un mundo sin el MCU. No tiene el mismo impacto ver a Spider-Man en pantalla cuando llevas viéndolo desde que eras un crío. El asombro se ha normalizado. Eso no es un problema de la audiencia, es un reto para los creadores.
Lo que Vellani pide no es revolucionario, pero es urgente: que traten a los superhéroes como personas primero. Que haya honestidad en el relato. Que no subestimen la inteligencia del espectador.
Yo añadiría algo más: que cuenten historias que solo puedan contarse a través de este género. Eso es exactamente lo que pedimos desde siempre los que venimos de los cómics. No queremos acción por la acción. Queremos que el traje signifique algo.
Thunderbolts* lo entendió. Una película sobre un grupo de antihéroes rotos que, en el fondo, habla de la amistad y la salud mental. No era perfecta, pero era honesta. Y os confieso una cosa: llevaba tiempo sin salir del cine con esa sensación en el pecho, la misma que tenía de adolescente cerrando un tomo de Nuevos Vengadores a las tres de la mañana. El público lo notó, y yo también.
Eso es lo que diferencia una película de superhéroes que trasciende de una que simplemente ocupa dos horas de tu tarde. No el presupuesto. No los efectos visuales. No el número de cameos. La verdad emocional.
La conversación sobre si los superhéroes tienen futuro me parece, francamente, la conversación equivocada. La pregunta no es si el género sobrevivirá, sino si quienes lo hacen están dispuestos a trabajar más duro para merecerse la atención de una generación que ha crecido con todo y que, precisamente por eso, detecta la mediocridad a kilómetros.
Iman Vellani lleva el escudo bien puesto. Y ojalá más gente dentro de la industria escuche lo que está diciendo, porque no habla solo como actriz. Habla como fan. Y a veces, esa es la perspectiva más valiosa de todas.

