• Fatima Hassan construye un golem de barro en la cuarta temporada de From, recurriendo al folclore judío como herramienta de supervivencia psicológica tras dar a luz a un monstruo.
• La serie demuestra que los mitos no son escapismo, sino estructuras narrativas que nos permiten procesar traumas incomprensibles cuando la realidad se fractura.
• El golem podría cobrar vida eventualmente, transformando la esperanza simbólica en literal, o convirtiéndose en otra amenaza más, siguiendo la tradición del folclore donde estas criaturas escapan al control de sus creadores.
Hay algo profundamente humano en la necesidad de crear cuando todo se desmorona.
En From, una serie que lleva tres temporadas explorando los límites del terror psicológico y la supervivencia en un pueblo atrapado fuera del tiempo, Fatima Hassan nos recuerda que a veces la única forma de enfrentar lo incomprensible es construir algo con nuestras propias manos.
No importa si tiene sentido. No importa si funciona. Lo que importa es el acto mismo de crear frente al vacío.
Y es que después de dar a luz a un monstruo —literalmente—, ¿qué haces? ¿Cómo procesas eso?
La respuesta de Fatima en el cuarto episodio de la temporada 4, titulado «Of Myths and Monsters», es tan antigua como la humanidad misma: recurrir a los mitos, a las historias que nos han sostenido durante milenios. Su proyecto secreto, revelado finalmente ante Kenny Liu y Boyd Stevens, no es una locura. Es un acto de resistencia.
El golem como símbolo de esperanza
Fatima está construyendo un golem.
Para quienes no estéis familiarizados con el folclore judío, un golem es una criatura formada de sustancias sin vida —barro, tierra, polvo— que cobra existencia mediante rituales e invocaciones en hebreo. Según el Museo Judío de Berlín, estas criaturas servían como ayudantes, compañeros o rescatadores de comunidades judías en peligro.
La elección no es casual.
Fatima explica que su padre le contaba historias de distintas religiones mientras crecía en Irán, a pesar del peligro que eso suponía. De todas esas narrativas, la del golem fue la que más profundamente resonó en ella.
Hay algo hermoso en esa transmisión de historias. Su padre arriesgó algo al compartir esas narrativas prohibidas, y décadas después, en circunstancias que él jamás podría haber imaginado, esas historias se convierten en la herramienta de supervivencia psicológica de su hija.
Me recuerda a cómo en Dune los Fremen preservan sus mitos sobre el Lisan al-Gaib a través de generaciones, esperando el momento en que esas historias se vuelvan necesarias. Los mitos no son decoración cultural. Son tecnología de supervivencia.
La conexión con Smiley
Lo que hace que la construcción del golem sea más que un proyecto terapéutico es la conexión que Fatima mantiene con Smiley.
Después del traumático final de la tercera temporada, donde dio a luz al monstruo resucitado, Fatima no ha podido cortar ese vínculo. Puede sentir lo que él siente. Y él puede sentirla a ella.
Es una violación íntima y constante. Una invasión que no termina.
El golem, entonces, no es solo un símbolo. Es un escudo psicológico. Fatima admite que construirlo la hace sentir más fuerte, menos asustada de esa conexión perturbadora. Le da una forma de contraatacar, aunque sea simbólicamente.
Es su manera de decir: «Tú no me controlas. Yo también puedo crear.»
Con la ayuda de Elgin Williams —quien intenta redimirse de traiciones pasadas—, Fatima reúne grandes cantidades de tierra en secreto. El acto físico de moldear, de dar forma, de construir algo con propósito, le devuelve algo de agencia en un mundo donde todo se lo han arrebatado.
¿Cobrará vida el golem?
Aquí es donde From podría dar un giro fascinante.
En el folclore tradicional, los golems no siempre permanecen como estatuas inertes. A menudo cobran vida. Y cuando lo hacen, las historias nos advierten que pueden descontrolarse, convirtiéndose en amenazas para sus propios creadores.
Dado el precedente sobrenatural que la serie ha establecido —un pueblo donde los monstruos cazan de noche, donde los símbolos tienen poder real, donde las pesadillas se materializan—, parece casi inevitable que el golem de Fatima eventualmente despierte.
La pregunta es: ¿qué tipo de criatura será?
Existe la posibilidad oscura: que se convierta en otro monstruo más, otra amenaza para los residentes ya asediados del pueblo. Sería coherente con el tono implacable de la serie, donde cada rayo de esperanza suele venir acompañado de una sombra más profunda.
Pero también existe la posibilidad optimista. Que el golem cobre vida como estaba destinado en las historias originales: como protector, como campeón. Que ayude a Fatima a luchar contra Smiley y los demás monstruos.
Que la esperanza simbólica se transforme en esperanza literal.
Mitos que nos sostienen
Lo que me fascina de esta trama es cómo From utiliza el folclore no como decoración, sino como estructura emocional.
La serie entiende que los mitos existen porque necesitamos formas de procesar lo incomprensible. Cuando la realidad se vuelve demasiado extraña, demasiado aterradora, recurrimos a las historias que la humanidad ha contado durante siglos.
Es algo que la mejor ciencia ficción siempre ha entendido. Star Trek no inventó nuevas mitologías desde cero; reinterpretó las antiguas a través de la lente del futuro. Blade Runner es, en esencia, el mito de Prometeo reimaginado con replicantes.
El golem de Fatima es su forma de traducir el horror en algo manejable. De convertir el trauma en narrativa. De transformar la impotencia en acción.
Y eso, independientemente de si el golem cobra vida o no, ya es un acto de resistencia extraordinario.
From continúa demostrando por qué es una de las series más interesantes en el panorama actual del terror.
No se conforma con sustos baratos ni con monstruos sin significado. Cada elemento sobrenatural está anclado en algo profundamente humano: nuestros miedos, nuestras esperanzas, nuestras historias.
El golem de Fatima es más que barro y tierra. Es un recordatorio de que incluso en los lugares más oscuros, incluso cuando hemos dado a luz a nuestros propios monstruos, todavía podemos crear.
Todavía podemos construir algo que nos haga sentir menos solos, menos asustados.
Y quizás, solo quizás, esa creación nos salve. O al menos nos dé fuerzas para seguir luchando un día más.

